La princesa Kiko, cuyo embarazo está en serias complicaciones, rezó ayer por un parto sin problemas, durante una celebración tradicional entre las mujeres embarazadas de la familia imperial, en el "Día del Perro" nipón.
La princesa, de 39 años y madre de dos hijas, debería dar a luz su tercer hijo en septiembre, pero es posible que el parto deba realizarse mediante cesárea debido a una anomalía de la placenta, lo que plantea riesgos para la vida del bebé y de la madre. Debe dar a luz al heredero para seguir con la dinastía.