Aprender a respetar el espacio e intimidad de las personas es importante en las relaciones interpersonales y en nuestra cultura a veces este aprendizaje se pasa por alto, según dijo la psicoterapeuta Lizeyca Villamil.
Explicó que somos egoístas por naturaleza y en los primeros años de vida, sobre todo entre los dos y tres años, se tiende a ser egocéntrico. Pero, a medida que pasa el tiempo y se va creciendo hay que ir superando esa tendencia de jugar solo y querer todo para sí y entonces se va aprendiendo a compartir el espacio y los juguetes con otros niños.
Ella dijo que es muy común que a esa edad tengan un poco de distanciamiento con los padres, lo cual, hasta cierto punto, es saludable, siempre y cuando no se vayan a los extremos, al punto de que, si, por ejemplo, hay un niño que no quiere salir nunca con la familia, eso no está bien.
Lizeyca Villamil explicó que así como los adultos quieren privacidad, los niños y los adolescentes también. Muchos papás y mamás piensan que tienen derecho a irrumpir en las habitaciones de sus hijos e interrumpirlos cuando les da la gana, lo cual no debe ser así, por lo que la psicoterapeuta recomienda revisar estos patrones de conducta que pudieran crear en vez de puentes barreras intergeneracionales
Respete el deseo de sus hijos de estar solos, no los presione para hablar, busque el momento adecuado, sin embargo reconoció que es parte del amor maternal/paternal, preocuparse por los hijos y querer asegurarse de que todo está bien con ellos.
"Manténganse receptivos y pendientes de la comunicación no verbal", recomendó e instó a respetar el ¡no! de los hijos, a hacerlos sentir que está bien que a veces no deseen hablar o no quieran compañía o no quieran hacer algo, siempre y cuando la negativa no tenga consecuencias que le perjudiquen o a terceros.