Días pasados, en las importantes ruinas catedralicias de Panamá Viejo, la Asociación Nacional de Conciertos clausuró su XV Campeonato Musical Juvenil con un concierto sinfónico, cuya orquesta actuante estuvo integrada exclusivamente por alumnos campamentistias, los que subaman más de medio centenar (pequeña orquesta sinfónica), repartidos en las diferentes "familias" orquestales. El concierto también estuvo dedicado a patrocinadores, anunciantes, donantes y colaboradores.
La velada musical abrióse con Fandango y Alborada de N. Rimsky-Korsakoff (1844-1908), con la dirección del Prof. Mario Rodríguez para la orquesta de la Fase A (noveles alumnos campamentistas). Debemos hacer notar, en esta fase, muchos alumnos todavía no han llegado a la 4ta. posición en el estudio violinístico. Y si ya la estudiaron, todavía no poseen la seguridad afinativa que, somamente con muchas horas de estudio violinístico darán. Por lo tanto, el Prof. Rodríguez debería haber puesto en los atriles de la Fase A alguna obra barroca que no pasase de la 3ra. Posición (que las hay), en lugar de estudiar, en apenas dos semanas, una partitura de difícil ejecución para esta fase, a fin que todo estuviese más afinado.
Las restantes obras tuvieron como Director al norteamericano Timothy Weis, Director Musical de la Fase B (Campamento del Valle de Antón), ejecutando, de Giovanni Gabrieli (1557-1612), Canzona du decimi Toni, de la serie para metales solos de este compositor. En esta obra escuchamos dos grupos de "brass", A y B. Siempre hemos dicho que los instrumentos de aliento indefectiblemente es necesario"calentarlos" antes de tocar en la orquesta para que la afinación sea la correcta. Además de los latinos del ejecutante... También debemos decir que el grupo A del "brass" tuvo grandes dificultades para ver las notas de la "particella", dado que algunos de los músicos tenían enfrente una potente luz que, al dar en los atriles personales impedían ver las notas.
La tercera obra escuchada fue, Festival Oberture, Op. 96 de Shostakovich (1906-1975), donde destacamos los solos de clarinete y flauta; buen sonido y expresión.
Finalmente, la obra que cerraría la velada fue la 8va. Sinfonía en Sol Mayor, Op.88, donde encontramos algunas desafinaciones en los primeros violines (posiciones agudas). Excelentes solos de flauta al igual que el solo de violín que, a pesar de estar algo nervioso, su violín sonó con claridad y potencia.
Como siempre, la dirección de Timothy Weis fue correcta. No obstante algunos "tropiezos" orquestales, la noche fue magnífica, tanto climatológica como musical, a pesar de los estruendosos bocinazos y sirenas policiales que por segundos se mezclaron con las notas del 4to. Movimiento de Antonin Dvorak. El numeroso público aplaudió con calor todas las obras expuestas.