Entro al baño de un restaurante en David y, al pararme frente al orinal, me pongo a analizar todo lo sucedido durante el día de ayer y la mañana de hoy...
Ayer agarramos carretera de Panamá a David. Al bajarnos en Santiago a comer, noto que mi energía no está a su nivel óptimo —o quizás a lo acostumbrado— y me quedo pensando en qué es lo que me genera energía. Incluso estoy más enfocado en entender esto que en la gira Reciclamos Unidos o en Espectáculo Vida, ja, ja, ja. Al terminar de comer nos montamos al carro, el cual no recuerdo de haber hecho, y continuamos el camino hasta David.
Hoy en la mañana, antes de esta sesión de análisis, estábamos sentados en la mesa desayunando cuando una muchacha se acerca para conversar. Siéntate con gusto, amiga, le abrimos la silla. La flaca se sienta. ¿Qué signo eres?, le pregunto. Capricornio, nos dice. ¿Y tu cuaderno dónde está?, le agrego. Suelta la carcajada y me dice: Allá en la mesa donde estoy sentada, y me mira con cara de: ¿cómo tú sabes?. Y ¡puf!... toda mi energía sale a flote. La conversa es pura emoción, conversando sobre qué y cómo hacer para que sucedan cosas en su comunidad en Arraiján. En el intercambio de ideas y energía, las revoluciones de mi cerebro se van acelerando y quedo chispa total.
Yo debo estar en movimiento para lograr absorber. Especialmente mi cerebro y mis manos deben estar en movimiento. Y al absorber, logro cargarme de información. La información que necesita mi cerebro es sentimental con el objetivo de hacer crecer mi emoción... y esta e-moción me pone en moción, me mueve a hacer más. Moverme para mover... y mover para moverme.
¡Pluk!, se acaba de abrir la puerta del baño. Tino entra, se para en otro orinal y le digo: ’Fren’, me he dado cuenta de que si estoy interactuando, mi nivel energético crece. Si no estoy interactuando, estoy full inerte. Mira que eso mismo te iba a decir. Interactuar te carga, me confirma.
Cuando salgo de este orinal sé que vamos a re-montarnos al carro, agarrar carretera hacia Bocas del Toro y me toca escribir esta columna. Mi incógnita es... Escribir, ¿me recarga de energía?