Variedades

¡Qué tiempos aquellos!...

Antiguamente, en los bailes más formales se repartían una especie de libritos con una serie de números, en donde las jóvenes anotaban previamente la pieza requerida por cada caballero.


¿Cómo sería si en nuestros tiempos tuviésemos que organizar en una libretita con quién bailaremos las diferentes piezas durante la noche?, ¿si nuestros paseos se limitaran a una vuelta en carro desde la Plaza 5 de Mayo hasta el Parque de Catedral?, o si, para salir a bailar, ¿tuviésemos que salir en compañía de otras parejas, o simplemente encontrarnos con nuestra "chaperona" en el baile?...
Como que no sería muy agradable, pero definitivamente los tiempos han cambiado, tanto para bien, como para mal, y es que es precisamente en la manera de actuar donde hay más diferencia entre nuestra época y la de nuestros abuelos... Antes todo era más formal.
Según nos cuentan, antiguamente en Panamá habían unos sitios de diversión a los que se les llamaba "Jardines de Cerveza", que consistían en locales abiertos bellamente decorados en donde la gente iba a bailar. La regla en aquellos lugares era que los hombres que no iban con saco, por lo menos estaban adecuadamente vestidos. "Cero bermudas y sandalias como se hace ahora".
En los clubes, en donde los sábados se bailaba con orquesta, los caballeros tenían que ir de saco y las mujeres en traje de noche. Quienes no reunían estos requisitos, no podían entrar.
"A nadie se le ocurría andar en "shorts"... los únicos que andaban así eran los extranjeros... Los "shorts" sólo eran para andar en la playa y en el campo, pero nunca en la ciudad".
Y ni hablar de las iglesias. Allí nadie iba escotado porque era una cuestión de respeto y exigencia. Hasta a finales de la década de los "40, las mujeres tenían que llevar la cabeza cubierta con una mantilla o con sombrero, cumpliendo con una tradición muy antigua que respondía a la humildad y a la modestia. Por otra parte, los escotes sólo eran bien vistos en la playa y en los bailes, nunca para andar en la calle.
Una práctica muy utilizada en tiempos anteriores es que durante los bailes, era permisible que lo "cortaran" a uno; es decir, que un caballero interrumpiera a la pareja, para continuar bailando con la dama. Como es de imaginarse, esto algunas veces generaba enfrentamientos y hasta golpes, dependiendo del interés que se tenía en la chica.
Lo gracioso es que esta práctica también era sumamente efectiva cuando a la joven no le gustaba su pareja o simplemente cuando no sentía que bailaba bien, y es que disimuladamente ésta le pedía auxilio a algún conocido que iba pasando, para que lo "cortara", y así librarse de la situación.
Pero, si por el contrario, a la joven le gustaba la persona con la que bailaba y venía alguien a pedirla, al no ser de buen gusto en aquella época decir que no, le hacía señas a su pareja de que no la dejara cortar... Lo lógico es que esto causaba problemas.
Cabe destacar que sólo en casos extremos podía decir que no, porque negarse a bailar con alguien era considerado de "muy mala educación". El dato curioso es que, antiguamente, en los bailes más formales se repartían una especie de libritos con una serie de números, en donde las jóvenes anotaban previamente la pieza requerida por cada caballero. Está de más decir que era el deber de la dama cumplir con lo prometido y bajo ninguna circunstancia prometer la misma pieza a dos personas. Sin embargo, la suerte es que podía bailar con la misma persona más de una vez.
No obstante, era allí en donde entraban las mamás y tías que iban a los bailes a "chaperonear", llamándoles la atención si no les gustaba el muchacho o si la consideraban muy joven para estar en plan de enamoramiento.
"En ese momento entraba en juego la astucia... La joven salía a bailar con cualquiera, sin embargo, volvía el chico que a ella le interesaba y le pedía bailar... La joven decía: "Mamá, ¿qué quieres que haga si me cortan? Y la mamá respondía: "Pues, dile que no te corten".
Es importante explicar que sólo después de cumplir quince años, la adolescente podía ir a bailar, pero sólo en las fiestas de casa. Antes de esa edad... ni soñar. Tampoco habían muchos "cola"os", porque eran muy pocos los que se atrevían a caer de paracaídas en una fiesta.
En el caso del Club Unión, los jóvenes se ubicaban en la terraza, mientras que las chaperonas se instalaban en un piso superior. Desde allí, "las golondrinas", como se les llamaba entonces, cuando veían algo que no le gustaba, inmediatamente mandaban un recado a la joven para que subiera a recibir el regaño. A todo esto la chica le advertía al mensajero: "Tú no me has visto, ¿ah?"...
Otro detalle jocoso es que para ir a los bailes, el galán tenía que recoger a la muchacha en su casa, mientras que la chaperona se iba por su cuenta. Lo gracioso es que el regreso lo hacían todos juntos.
Un protocolo bastante parecido era que si un joven te invitaba a salir, tenías que hacerlo en compañía de dos o tres parejas más, de lo contrario, sencillamente no podías ir.
Y ni hablar de los paseos en carro... Tenían que haber más muchachas que muchachos, mientras que el recorrido consistía en "grandiosos" paseos desde el Parque de Catedral hasta la Plaza 5 de Mayo.
A diferencia de la actualidad, por nada del mundo se le podía aceptar a los pretendientes objetos de valor, y mucho menos hablar de "novio" si no había un compromiso de por medio, sino más bien llamarle "enamorado". La mujer nunca cargaba con los gastos de la salida, y cuando se acercaba a una mesa, el hombre debía permanecer de pie mientras ella estuviese, además era un completo malcriado quien no le sacara la silla o no le cargara los paquetes.
Ante todas estas conductas, es importante mencionar que aunque hay conductas que definitivamente no podían subsistir con el paso de los años, lo que sí podía perdurar y es necesario rescatar, son los buenos modales y costumbres, que no cuestan nada, dicen mucho y nos ayudan a convivir mejor con los demás.


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139014
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América