Antonio Herazo, quien el 12 de octubre cumplirá 90 años de edad, recuerda que en los tiempos de su juventud con un dólar podía comprar un pantalón caqui y una camisa.
El nació en 1929. "Eran los años en que con unos pocos reales se hacía un buen supermercado. La libra de frijol estaba a 1 1/2 real, se compraban 4 huevos por un real, el arroz también estaba barato".
Todo era diferente. Hasta las buenas costumbres estaban de moda.
EL RESPETO REINABA
"Era común que la gente saludara, pidiera perdón y se comportara con decencia", dijo. Explicó que incluso las chicas se dejaban cortejar. No se entregaban tan fácilmente. Defendían su honor.
"Naturalmente, a veces me inspiraban y yo respondía con algo, un piropo, una frase que las halagara, no un insulto", dijo.
Sobre el mismo tema añadió que "las chicas que me gustaban no eran de la calle. Solamente podíamos tocarlas en las fiestas. Allí las abrazábamos mientras bailábamos".
Una táctica que nunca le fallaba para enamorarlas era decirles chistes, pero chistes sanos, y recitarles versos, haciéndole honor especialmente a los ojos.
A nuestro interlocutor lo apodan "Toño" y aunque su hija dice que era "mujeriego", él no lo desmintió ni lo admitió. Relató que él trabajaba con la que fue su esposa y se enamoraron. "Comíamos en la misma mesa, pero nadie sabía que nosotros estábamos enamorados. Yo le hablaba con pataditas por debajo de la mesa". Tenían una clave. Cuando el padre se dio cuenta "fue cuando ella y yo ya estábamos listos para venirnos para Panamá".
El señor Herazo emigró de ColombiaEl Chocó, Río Sucio. Sigue diciendo que "tuve seis muchachos con ella".
Era agricultor. "Sembraba arroz, maíz y otros productos en Darién". Posteriormente, antes de trasladarse para la ciudad, comenzó a viajar hacia acá. "Traía a Panamá ñames, frijoles, arroz, aguacates...".
NI NINTENDO NI TV
"Cuando yo era muchacho no había ni televisión ni esos juegos electrónicos que entretienen a los muchachos y los distraen de las tareas", dijo el Sr. Herazo, a la vez que citó los juegos que más le divertían: "trompo, bola, dominó, pero nunca jugábamos por plata y hacíamos barriletes (cometas)".
El se considera un hombre feliz. "Mi familia ha sido excelente. Tengo 21 nietos y 17 biznietos. He tenido muy buenas amistades con quien conversar y compartir".
¡NO A LA DROGA!
Aconseja a niños/as y jóvenes "portarse lo mejor que puedan y que de la droga nada". Admite que fumó y bebió, pero dijo que eso fue antes de casarse. "Mi suegro fue el que me enseñó a beber y bebíamos tanto que todas las semanas nos emborrachábamos. Pero, cuando tuve a la señora y oí decir que estaba en cinta, me puse a pensar que quería un hijo sano y que cómo iba yo a mantener un hogar si además de pobre era borracho y empecé a dejar este vicio". Su suegro, entonces, solía reprocharle en estos términos: "¿Cómo es la cosa, que tú me estás despreciando?", pero "yo estaba decidido a cambiar y dejé el alcohol".
A sus 89 años el Sr. Herazo se siente bien. Espera el 12 que cumple años con mucho entusiasmo. Es un caminador por excelencia. Dice que su grupo de la III Edad, el de Parque Lefevre, realiza con frecuencia caminatas y parten desde el Parque del Amor, en Chanis, hasta el Parque Omar en San Francisco. El participa con entusiasmo, como lo hizo el sábado pasado durante la Caminata del Gran Abrazo Mundial con que el planeta y por ende Panamá conmemoraron el Día Internacional del Adulto Mayor.