El penonomeño Radamés Pinzón tiene una manera muy particular de contar la historia. Utiliza el arte pictórico. Y va tejiendo personajes y sucesos de tal manera que es fácil ir ‘leyendo’ episodios e imaginarse cómo se construyó nuestra identidad como nación.
Sus cuadros, de formato grande, atraen la atención de los viandantes en las Islas del centro de convenciones Atlapa, en la FIL 2013, en el área donde están las embajadas, ONG, el pabellón de la Usma y los de los medios de comunicación. Cautivan con sus mosaicos que son como eslabones de una cadena común que entrelaza las vidas de nuestros antepasados y nos atará a los del mañana.
Esa muestra pictórica que exhibe la tituló “Las memorias del ladrillo”. Se trata de una introspección plástica sobre nuestra génesis colonial.
“Son obras trabajadas en los últimos dos años, en los que profundiza sobre los conceptos de colectividad, sobre todo en la región del interior del país y parte de la capital. He estado en muchos lugares de hermosos nombres como Aguadulce, Las Tablas, Coclesito, Chitré. El contacto con la gente me ha permitido tener un equilibrio que se refleja en mis obras. La teja, el ladrillo y madera es la parte colonial, en la que está la génesis de nuestra cultura y allí he encontrado mi lenguaje”.