Es un símbolo de belleza y elegancia entre la monarquía, pero además de eso, Rania es una mujer que participa en muchas labores por la comunidad y pareciera que en su agenda no tiene ni un minuto libre, así lo señaló el diario Hoy, de El Salvador, en su página web.
Ser consorte de un rey que gobierna uno de los estados árabes más importantes de la región representa una gran responsabilidad fuera de sus fronteras.
Es por eso que, en Jordania ella encabeza varias actividades que buscan la superación de la mujer con el fin de sacarlas de la pobreza a través de la capacitación para el trabajo.
Además trabaja por la niñez abandonada, pero también se le ve al lado de su esposo, el rey Abdullah II Bin Al Hussein en algunos eventos benéficos.
Asimismo preside organizaciones no gubernamentales como la Fundación "Río de Jordania" (fundada por ella, en 1995 para ayudar a los más desfavorecidos de su país) o la "Sociedad Jordana de Donación de Órganos".
La imparable reina de los jordanos es desde el mes de enero, abogada extraordinaria para la infancia, un título que le fue otorgado durante el Foro Económico Mundial de Davos.
El compromiso de Su Majestad por trabajar en el Oriente Medio y el mundo entero por educar a niños de países en conflicto y proveer de oportunidades para crear la paz, la convirtió en merecedora del premio "John Wallach de la Paz".
Por todas estas acciones, Rania ha demostrado que es más que una mujer bella, sino una embajadora que junto a su esposo luchan por mejorar la vida de otros.