Variedades

Recordando a Don Isaac

Dedico a los periodistas en su día esta cariñosa semblanza del Lic. José Isaac Fábrega escrita por el Prof. Renato Ozores, como homenaje a su loable función en nuestros medios de comunicación.


A instancia mía, mi esposo Renato escribió este relato para que fuera insertado en la historia de mi familia que me dejó como tarea, antes de morir. El quería que me sintiera acompañada, y así ha sido, efectivamente. Mi deseo en publicarlo es con el fin de dar a conocer la integridad moral de su dilecto amigo, Don Isaac Fábrega, quien fue sin duda, un panameño honorable y lamentablemente, nos quedan muy pocos como él en Panamá. A continuación, las palabras escritas por Renato Ozores.
"Había adquirido la costumbre de visitar a diario la Redacción de "La Estrella de Panamá", a fin de ver los cables noticiosos referentes a la guerra que de desarrollaba en Europa, cosa que hacían también otras personas, surgiendo con tal motivo, breves y animadas tertulias. Por esa circunstancia, me relacioné enseguida con el presidente de la empresa "The Star & Herald", editora del periódico, don Tomás Gabriel Duque, un señor de trato abierto y agradable. Su director, era don José Isaac Fábrega, un joven abogado de vasta cultura y viva inteligencia, que se revelaba enseguida por su gran sentido del humor, cualidades que facilitaron que surgiera entre nosotros una agradable amistad. Agrego que, aparte de sus funciones en "La Estrella", el señor Fábrega ejercía activamente su profesión, formando parte de un prestigioso Bufete, Chiari-Fábrega, cuyas oficinas, situadas frente a la Plaza de la Catedral, estaban a muy poca distancia de las del periódico.
Pocos meses después de haberse iniciado nuestra relación, el señor Fábrega, que tenía entre sus tareas escribir el comentario editorial que habría de publicarse al día siguiente, era requerido algunas veces desde su Bufete, para que se presentara allí por algún motivo urgente y, en esos casos me encargaba que lo escribiera yo, cosa que me complacía hacer. A pesar de que eso sucedió varias veces, nadie pareció notar la diferencia, aunque yo me esmeraba para que tal cosa no fuera perceptible.
Debo anotar, que por entonces, el presidente de la República era Arnulfo Arias, doctor en medicina y cirugía por la Universidad de Harvard, que en las elecciones del año anterior, había sido proclamado ganador por procedimientos abiertamente reprobables. Su doctrina política, el "panameñismo", parecía ser una especie de nacionalismo radicalizado, con algunas manifestaciones de racismo, puesto que prohibió la inmigración de toda clase de asiáticos y de antillanos. Entre los asiduos visitantes de la Redacción, el presidente Arias tenía algunos partidos entusiastas, sobre todo por haber nacionalizado el comercio al por menor, que estaba, sobre todo en manos de chinos y otros extranjeros, y por haber creado la Seguridad Social, tan necesaria; pero era mucho mayor el número de detractores que le acusaban de nazi y de fascista, de prepotente y autócrata y de haber establecido un impuesto del 5% al sueldo de todos los empleados públicos de cualquier categoría, que supuestamente hacía cobrar para su personal y exclusivo beneficio. Lo cierto es que con el paso del tiempo, la impopularidad del presidente crecía apresuradamente, sobre todo cuando aparecieron balboas de papel que había ordenado emitir. Por eso, no causó sorpresa saber que había sido derrocado, poniendo en su lugar al señor Ricardo Adolfo de la Guardia, que hasta tal momento había sido ministro de Gobierno.
Como era de esperar, el nuevo presidente procedió muy pronto a nombrar sus ministros, enterándome con alegría que a Isaac Fábrega le había sido encomendada la cartera de Educación. Le felicité sinceramente por ello, y a los pocos días me envió un recado para que fuera a verle al Ministerio, que entonces ocupaba los pisos altos del correo central en la Plaza de la Catedral. Me recibió inmediatamente que me hice anunciar, y cuando entré y le vi, escribiendo a máquina con la rapidez acostumbrada, le pregunté en broma si estaba haciendo un Decreto o un editorial. Se rió, y me dijo que precisamente quería hablarme de eso. Que había decidido renunciar como director de "La Estrella" porque estimaba incompatible dicha posición con su cargo de ministro, puesto que el periódico debía mantener total independencia para opinar libremente sobre la obra del gobierno. Me pareció muy noble y digna esa actitud, además de justificada, y así se lo expresé. Me dijo a continuación, que había hablado con el señor Duque para comunicarle lo anterior, sugiriéndole que él asumiera el cargo de director del periódico, y como no escribía, me encomendaba a mí las funciones de editorialista, para lo cual, le aseguró, me consideraba altamente capacitado.
Así se hizo y a partir de entonces, mi relación con Don Tomás, que era diaria, se intensificó. Era hombre abierto y cordial, de muy agradable trato y conversación amena, y en seguida me demostró su complacencia por la labor que realizaba y su confianza en mis capacidades. Muchas veces cruzaba la calle para hablar con él en su casa, que estaba enfrente de la Redacción y allí intercambiábamos ideas y opiniones acerca de la línea editorial que se debía seguir, según las circunstancias, dándome siempre los más amplios márgenes de libertad en cuanto a la manera de tratar los temas".


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174745
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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