Ella fue una de las expositoras en el Primer Seminario Taller Internacional de Equinoterapia en Rehabilitación Integral, que un equipo de especialistas de la Fundación Amor y Energía, AmEn, con sede en Ecuador, dictó en Panamá, atendiendo a invitación de la Fundación Cultural de las Américas y la Universidad Especializada de las Américas (UDELAS). La equinoterapia utiliza la energía que emiten los caballos para ayudar a discapacitados/as a obtener mejoría.
Rauber tiene vasta experiencia en el uso de la respiración para energizar el cuerpo (puesto que ésta pasa por muchos canales paralelos) y aliviar síntomas que comunican que algo no anda bien en la persona.
Los ejercicios de respiración paralela se pueden hacer sentados en ratos de ocio o de pie mientras se espera un autobus, se forma una fila, en fin.
Ella explica cómo hacerlos:
Con los ojos cerrados inspirar por la cabeza y los hombros y al acompañar la respiración sentir cómo recorre el organismo y continuar sacando el aire por las caderas. Luego a la inversa, inspirar por la cadera y acompañar la respiración hasta llevarla a hacerla salir de los hombros y cabeza. Esto se repite una y otra vez y se trata de sentir cómo fluye el aire y cuando se atasca o desvía en qué partes del cuerpo suceden esos atascamientos o desviaciones, si fluye sólo hacia arriba o está desviado sólo hacia abajo, etc.
Eso es parte de lo que ella enseña a los padres de niños discapacitados. Especialmente a las madres, que tienen toda la carga.
"Pienso que para casi todas las madres que tienen niños discapacitados es una carga física y de mucho agotamiento. Me pasó a mí y uno se siente desesperado (uno se siente a veces avergonzado y se siente muy víctima) y por eso pienso que es muy importante que las madres tengan la posibilidad de tener un recurso para recuperar las fuerzas, para sentirse otra vez fuertes, con ilusiones, ya no víctima. Para sentir que ahora ya puede ayudarlo, porque cuando se siente un ser equilibrado entonces es capaz de aceptar al niño tal como es”, explicó.
Añadió que de esta forma evitan las madres seguir sufriendo, y gastando el dinero que muchas veces no tienen, porque como han oído que allí y allá hay una terapia para que el niño se mejore, en su desesperación ellas van y corren e intentan probar si funciona ésta o la otra.
“Yo pienso que en la mayoría de los casos es más importante que los padres tengan la posibilidad de equilibrarse a sí mismos, porque así pueden aceptar al niño tal como es. Ya no hay que mejorarlo. El niño no se siente tampoco que es una carga para los padres. Ya se puede relajar y el niño en su alrededor ya puede ser ‘normal’ y mejorarse”.
Añadió que cuando la Biblia dice: “Ama a tu prójimo como a ti mismo” no quiere de forma alguna implicar meramente que hay que hacer todo para los demás, que hay que hacer sacrificios extenuantes.
La terapista lo interpreta así y persuade a sus pacientes sobre otra manera de enfocar el mensaje bíblico: “Yo tengo que ponerme bien. Creo que cuando me siento bien puedo dar, sólo cuando he llenado mi jarra de amor puedo echar. De una jarra vacía no se puede echar nada”.
Pero, sigue explicando como actúa la gente cuando lo interpreta de una forma que a juicio de la terapista Suiza da lugar a que: “siempre nos sentiremos víctimas agotadas y así todo el alrededor no podrá tener nada de mí, aunque me esfuerce un mundo”. Por lo tanto, recalca, “el primer deber es que te trates a ti mismo para recuperar tus fuerzas, para recuperar tu alegría de vivir y todo tu hogar se sentirá siempre mejor sólo por tu manera de ser. Y, si además de eso has aprendido a respirar y a trabajar con las manos; si sabes hacer correr la energía (dígitopuntura), no seguirás sacando de tu jarra siempre, al punto de quedar agotada y enferma”. Los beneficios que se obtienen con la respiración paralela son sorprendentes, dijo. “Sólo haciendo esto todos los días 5 minutos por la mañana y cinco por la tarde. Cuando estás en el tranvía o en el bus, cuando tienes que esperar”.
Y es que, añadió, “la respiración paralela no sólo actúa sobre el cuerpo físico, sino sobre todos los cuerpos: sutiles, energéticos, el cuerpo emocional y el cuerpo mental.
Su llamado como psicoterapista a las personas es “a que pongan una nueva organización, un campo energético más claro, más fuerte y más organizado, pues somos una unidad de cuerpo, mente y alma”.
Recalcó su convicción en cuanto a que todos nuestros síntomas tienen un mensaje: “hay algo en nuestras vidas que no nos corresponde como de verdad yo quisiera ser”.
Procedió a explicarlo como sigue: “Cuando estamos en el cuerpo de mamá tenemos nuestro ADN, la información de cómo vamos a nacer y nos vamos a desarrollar según este plan que está en el ADN y está también un ADN psicomental. Pero, pienso que nacen también con un plan de vida, de cómo nos corresponderá vivir para ser realizados y ser felices. Ahora, si por alguna circunstancia ya no podemos ser como quisiera” (sea porque los padres con frases o imposiciones de conducta “un niño no llora”, “una niña no se enfada”, van encajonando o condicionando el comportamiento de sus hijos) el cuerpo alerta a través de síntomas que le dicen: “Oye, hay que cambiar algo en tu vida. Hay algo que no está a tu gusto. Hay algo, tal vez pequeño, que deberías cambiar y al cambiar ya te vas sintiendo mejor”. Este síndrome se caracteriza por un dolor en un punto determinado, generalmente de la línea media de la columna vertebral, aunque se ha descrito en todo el cuerpo. Cuando se palpa la zona, usualmente se toca una especie de pequeña bola dura que, al ser oprimida, puede desencadenar más contractura muscular.
Hacer ejercicio regularmente, para fortalecer la espalda y mejorar la flexibilidad.
Tomarse el tiempo necesario para relajarse; la meditación es muy buena.
Pararse, sentarse, caminar, agacharse, conducir , respirar correctamente.