El cine de hoy se rige por "la necesidad de que todo sea veloz", de un ritmo frenético con el que intenta "evitar aburrir" al espectador y, contra eso, Arturo Ripstein ha rodado "La perdición de los hombres", una película hecha para "sentarse y disfrutar, para aprender a mirar, a ver".
Con "La perdición de los hombres", que se estrena el próximo viernes, Ripstein consiguió la Concha de Oro en el pasado Festival de San Sebastián, del que se llevó también la Concha de Plata al Mejor Guión, firmado por Paz Alicia Garciadiego, su esposa y colaboradora habitual en sus últimas diez películas.
Haciendo referencia a un viejo corrido mexicano que cuenta cómo "la perdición de los hombres son las malditas mujeres", la película, filmada en blanco y negro, ambientada en el México más profundo, está estructurada en tres partes, en las que la muerte y las mujeres son los temas recurrentes.Combinados con elementos tan absurdos como un codiciado par de zapatos de piel de serpiente y el béisbol, entendido como una afición que se puede tornar mortal.
Ripstein reconoció en la presentación del filme a la prensa que para "La perdición de los hombres", que ha rodado en formato digital, ha intentado "desaprender" todo lo que sabe de cine hasta dejar sólo lo esencial: "el placer de mirar".
Por eso quiso despojar la historia de "todo lo accesorio" y entre lo accesorio estaba el color: "el blanco y negro retrata mejor la esencia del paisaje, ese México seco, poco propicio a la belleza".Todo esto para lograr una película "muy cruel" en la que la muerte y el absurdo son los principales protagonistas.
Y entendiendo que lo absurdo tiene mucho que ver con México, sobre todo con el México actual, como se encargó de remarcar Paz Alicia Garciadiego: "En el México de hoy es mucho más cotidiano el absurdo.Vivimos en la esquizofrenia entre lo que debe ser, esto es los patrones europeos, y lo que realmente es.Y eso da lugar al absurdo".
Tanto Ripstein como Garciadiego coinciden en que "La perdición de los hombres" es una película muy mexicana "en ambiente, idioma, paisaje y concepto".Un concepto, "el del absurdo", entendido como "la disociación absoluta entre los actos y las consecuencias", que es "el "leit motiv" (hilo conductor) de la película".
En "La perdición de los hombres" hay tintes buñuelescos, pero Ripstein, quien reconoce que Buñuel le abrió "puertas, opciones y caminos" hasta "marcar" su tray, afirma tajante que "robarle a Buñuel es como robarle a la naturaleza", aunque reconoce que hay una similitud con el director aragonés en "mostrar algo atroz, pero desde el otro lado de la moneda", de lo que surge el humor negro.
La película -con la que Ripstein consiguió su segunda Concha de Oro, tras la que logró con "Principio y fin"- era originalmente un mediometraje titulado "Dos deudas".
Tanto Ripstein como Garciadiego han querido alargar este filme porque, dicen, se lo pedían los personajes, como les pedía el muerto "a gritos" el narrar el tercer tramo de la película, aquel en que se reconstruye el día antes del asesinato y se narra el porqué del crimen.
En el último tramo de esta película -de construcción "singular", hecha "al revés" hasta descubrir lo que ha pasado-, un hombre que va a ser asesinado se despierta con la radio puesta.Una radio que actúa "como un Dios que le recrimina por no ser como debe ser, al igual que hacen sus mujeres y sus compañeros de juego".