Hasta octubre de 2001, su futuro apuntaba a un convento o un asador de pollos; siete meses después, ha vendido 500 mil discos y atraído a catorce millones de espectadores, en una epopeya a medio camino entre "Betty la Fea" y Britney Spears.
"No he visto la telenovela, pero he oído hablar de ella", decía Rosa López sobre "Betty la Fea" en una entrevista publicada en un dominical una semana antes de que, hoy sábado, suba al escenario en Tallín para representar a España en el Festival de Eurovisión.
Y es que son muchas las similitudes entre el proceso de sublimación estética y personal de la protagonista de la teleserie colombiana y el de esta mujer de 21 años que hace seis meses pesaba 110 kilos, sonreía sin abrir la boca por reparo ante lo desparejo de su dentadura y miraba el mundo tras unas gafas de pasta cuadradas.
Desde su inclusión, en octubre de 2001, entre los dieciséis talentos seleccionados para ingresar en una academia de formación de artistas en el programa televisivo "Operación Triunfo", mucho ha cambiado la vida y el aspecto de Rosa López.
Nacida en Armilla, en la provincia sureña de Granada, Rosa sabía desde pequeña que sólo una cosa, su voz, podría apartarla del destino previsto para ella por sus padres, quienes, tras sopesar meterla a monja, empezaron a proyectar la apertura de un asador de pollos con el cual pudiera ganarse la vida.
Porque en principio nadie, pese al chorro de voz de la criatura, daba un céntimo por el futuro artístico de esa muchacha que, con su hermano Javi -de 140 kilos- a los teclados, se ganaba unos dineros cantando en el circuito armillano de la BBC (bodas, bautizos y comuniones).
"Estaba acomplejada, sí, era la típica chiquilla gordita que se sentaba en la última fila. No me enteraba de lo que decía el profesor, porque estaba más pendiente de que alguien me mirara las piernas", reconocía Rosa en unas recientes declaraciones. También imitaba a sus ídolos musicales "frente al espejo, cogiendo el cepillo de los rulos como si fuera un micrófono".
Ahora, los mismísimos Julio Iglesias o Monserrat Caballé se le brindan para duetos y tiene la agenda de actuaciones completa para meses, a razón, según la prensa, de 60 mil euros (55 mil dólares) cada una, igualando artistas tan conocidas como Isabel Pantoja. Asimismo, y pese a confesarse aún acomplejada, se ha convertido en habitual verla en biquini en las revistas o micrófono en mano, enardeciendo al público, como otra diva juvenil, Britney Spears.
López y la voluptuosa rubia comparten al menos otras dos similitudes: su confesa virginidad y su predicamento en Internet, donde la granadina encabeza en la versión electrónica de la revista Hola! (www.hola.com) el elenco de mujeres más atractivas, por delante de Laetitia Casta.
Y todo después de "Operación Triunfo", para jóvenes talentos que hipnotizó a la audiencia hasta lograr catorce millones de espectadores, cifra nunca alcanzada antes en el país. Los seguidores de esta academia, más conocida en España que la de Platón, fueron enamorándose de Rosa, en especial la audiencia femenina, quizás solidarizada con su sufrir por una dieta espartana con la que perdió treinta kilos.
Ese fervor del público, reforzado el pasado marzo cuando volvió a arrasar en las "urnas" telefónicas y fue escogida para ir al festival de Eurovisión, ha traído de cabeza a sociólogos y periodistas. Estos últimos han entrado a saco en el imaginario infantil para adjetivar a la impar granadina, a la que han catalogado como "Cenicienta", "Patito Feo" o, imbuidos de fervor patrio, "Rosa de España", un título que hasta ahora sólo tuvo Lola Flores.
Bastante más audaz en sus metáforas se ha mostrado la propia Rosa, cuya obsesión con la comida, quién sabe si de resultas de la dieta, la ha llevado a comparar al público que abarrota sus actuaciones con "un potaje de lentejas".
"La música para mí es como la comida, la necesito", abundaba al respecto a finales de abril durante la presentación de su disco, "Rosa", en cuya carátula, vestida, maquillada y peinada como una reinona discotequera, muchos habrá que no hayan reconocido a la chica obesa con gafas que les amenizó la boda con sus trinos.