Jennifer López desmintió que había firmado un acuerdo prenupcial con su prometido Ben Affleck y que supondría un mínimo de cuatro relaciones sexuales por semana y una multa de 5 millones dólares si le es infiel.
En declaraciones a la televisora hispana Univision, la estrella de padres puertorriqueños consideró que los medios de comunicación publican "esas cosas", tal vez "porque no tienen qué hacer". La semana pasada, una publicación estadounidense informó que López y el también actor Ben Affleck firmaron un acuerdo prenupcial en el que se señalaba la cantidad de relaciones sexuales que deberán realizar por semana.
De acuerdo con las versiones, el convenio señala que la actriz deberá presenciar las escenas de cama que, por su trabajo, realice Affleck, y que éste tendrá que pagarle más de $5 millones si le es infiel a la artista.
Por su parte el médico y diácono de la iglesia católica, Marco Mejía, sostiene que los bebés producto de inseminación asistida nacen fuera de una relación amorosa, circunstancia que después puede afectar a la familia y en mayor grado al niño, más aún , cuando se utilizan donantes ya sea por parte del hombre o la mujer.
Para el doctor Alleyne, la forma de concebir al individuo no es lo que determina su bienestar, ya que la formación se basa en las etapas de desarrollo y no determina que los padres se divorcien o sigan juntos. Por su parte, el diacono Mejía señaló que cuando los hijos son producto de los métodos científicos, a veces no existe la responsabilidad para con ellos, más aún, si intervienen donantes en algunas de las partes.
Ante esto, Alleyne es creyente de que "el amor priva por encima de la ley" y la medicina se guía por ese predicamento. A su juicio, la mujer que se dispone a tener hijos y no lo logra después de un tiempo determinado, sufre un luto cada vez que llega el período y no lo logra, por lo que la inseminación asistida es una opción casi segura para lograrlo, de reunir las condiciones necesarias.
El médico señala que por hacerlo no se considera con ninguna potestad divina, sino como un mediador entre la naturaleza y la ciencia que con ayuda de Dios le brinda la oportunidad a las parejas de ser padres.
La iglesia también se opone porque en los procesos se atenta contra la vida al desechar embriones, porque cultivar varios embriones y congelarlos para después desecharlos llevando consigo vida, manifiesta que no es partidario del método, ya que se hace necesario sólo uno o dos.
Además aclara que en su práctica no congela embriones, ya que respeta la vida. Añade que para evitar atentar contra la vida de los embriones, la mejor forma es guardar las muestras sin fertilizarlas y así si tienen que desechar no se pierde una vida, porque los ovocitos y espermas en sí no tienen vida.
De acuerdo con Bárbara Iñigo, quien es madre de un niño de un año, por medio de la reproducción asistida, los procesos de la ciencia médica le permiten a madres como ella hacer su sueño realidad.
Cuenta que primero los médicos la sometieron a tratamientos, pero cuando pasaba el tiempo y no veía resultados era un luto, por lo que aconseja a las parejas con problemas de infertilidad a intentarlo con las técnicas de reproducción asistida, ya que es un método más seguro y menos doloroso emocionalmente.
Sostiene que para querer a un niño no es necesario siquiera que sea hijo biológico y el apego maternal nace con cada síntoma y movimiento del bebé, por lo que, no concebirlo en una fertilización normal no le resta el amor que se le tiene a un hijo.