El panameño Rubén Blades dedicó unas palabras al escritor venezolano Ibsen Martínez, quien publicó un texto sobre una frase utilizada por el cantante “Matan a la gente, pero no a la idea” el pasado 29 de junio.
“Amigo Ibsen, no puedo aceptarte que la frase, ‘Matan a la gente, pero no matan a la idea’, sea ‘una pinche idea’. Tampoco que la sugieras como ejemplo de las expresiones que pueden producir muertes en ‘proporciones genocidas’ ”.
Planteó que generalizar las ideas, condenándolas sin previo aviso “es lo que define a las dictaduras”. A partir de este planteamiento, Blades citó como ejemplo “el esfuerzo” que hacen los panameños por no generalizar “el sentimiento antiinmigrante” sobre el éxodo de venezolanos a Panamá, producto de la situación política.
“Algunos venezolanos, especialmente los de alto poder adquisitivo, llegan con una actitud de superioridad y de soberbia como la que contribuyó a producir la reacción popular que llevo a Chávez al poder y que en parte ayuda a explicar la caótica situación, enredada y dividida, que hoy se vive en esa hermana nación”.
“Compran dos casas en un barrio de lujo y de pronto se creen dueños del país, y con una condescendencia que ofende, tratan a sus anfitriones como si fuesen siervos”.
“Pero esos son algunos, no todos. Por eso, no debemos generalizar”.
Le responde
Martínez le respondió al músico a través de su página. Ahí lo cuestiona: “¿Sabe leer Blades?”.
En su escrito, asegura que el compositor confundió lo que él quiso decir sobre una anécdota de un borracho en uno de sus conciertos, la cual sirvió de “telonero” para lo que realmente planteó.
“Me lo pregunto porque, a juzgar por su extenso comentario a ‘pinches ideas’, un artículo mío aparecido en El País de Madrid el pasado 29 de junio, el autor de “Plantación adentro” se ofusca por cosas… ¡que nunca escribí!”.
Siguió: “Si al ocioso lector le sobrase tiempo para ello, advertirá que, en mi artículo, Blades no es blanco de crítica alguna de mi parte. Tampoco hallará demérito a su obra o escarnio a su persona: en mi artículo, Blades es solo el telonero - digámoslo así - de una anécdota en torno a un borracho chilango cuyo parecer sobre el nefasto papel de las ideas ‘de izquierda’ en América Latina coincide con el mío”.
Destacó que el tema de su artículo es la dantesca violencia criminal que azota Venezuela, letal subproducto achacable a la revolución bolivariana de la que el panameño se cuida de simpatizar abiertamente, aunque tampoco a condenarla, algo que sí han hecho genuinos hombres de izquierda, el respetado Felipe González, expresidente español.
“Blades, sorprendentemente, toma mi artículo como pretexto de su fárrago - es obvio que a él se le da mejor el verso cojo que la prosa - para ubicarse en el proverbial middle of the road de las celebridades calculadoramente progresistas. O quizá se trate de algo peor y Blades, creyéndose voz de la corrección política, no sea más que vocero de lo que el finado escritor hispanoargentino Horacio Vázquez Rial llamó “la izquierda reaccionaria”.