La Fiesta de la Música fue todo un éxito. Así lo aseguraron artistas, extranjeros y nacionales. El evento cultural más grande del país que busca rescatar los géneros latinos que conforman nuestra raza, estuvo lleno de sabor y alegría.
A diferencia del año pasado en donde tuvimos que bailar con Los Beachers, en medio de los charcos por el aguacero, en esta ocasión la madre naturaleza fue más condescendiente y permitió que todos los artistas ejecutaran sus repertorios sin inconvenientes.
"Es una noche perfecta", dijo un transeúnte, que caminaba por las callecitas estrechas de ladrillo, las que estaban disponibles sólo para el tránsito humano. Ideas remotas se nos venían a la cabeza, de momento creímos que estábamos en otro país. Gente de diversos estratos sociales se movilizaban de un lugar a otro, cada uno en busca de la música que más le atraía.
Para gustos los colores.
Como en el campo de hermosas flores en donde el príncipe escogerá cuál es la adecuada para la bella dama, las siete tarimas nos presentaban brotes de todas las clases.
El recorrido inició y de repente vimos que las ruinas del Arco Chato parecían bailar por sí solas al ritmo del tambor. Creímos que era un temblor, pero en realidad era Yomira Jones, quien con todo el calipso, reggae, cumbia y demás géneros panameños hacía gala de toda su sapiencia musical.
Jones ha dejado el nombre de Panamá muy en alto, en todos los países en donde se ha presentado, y agradeció esta vuelta a casa y a los músicos que la acompañaban. Cantó desde "No vuelvo a creer en ti", hasta "Cobarde".
Los extranjeros se volvieron locos con esta gran cantautora, la que después de muchas despedidas se retiró con una sonrisa de satisfacción.
Inicia la maratón.
El recorrido apenas empezaba y eran más de 24 artistas los que darían cierre a la fiesta. Nos apresuramos a los estacionamientos del Teatro Nacional y de repente un conglomerado de gente en la calle, nos impidió el paso. Al ver qué sucedía nos detuvimos un buen rato, pues era Lord Panama, el que detenía a cuantos pasaban por allí con un mini concierto.
Más adelante nos encontramos a la leyenda del rock. Audriyala y su flauta mágica hacía del rock y del roots un verdadero acontecimiento.
Otros sonidos llegaron hasta nuestros oídos y fuimos tras ellos como los ratones del flautista de Hamelín. Un jazz muy divertido y bastante aristocrático acaparaba el Teatro Nacional. Su intérprete Carlos Garnett daba una muestra de talento, la velada se extendía, parecía que el tiempo se había detenido, la gente estaba maravillada, pero debíamos continuar.
Se forma el carnaval.
Apurados hacia la Plaza Catedral en donde habíamos dejado a Abdiel Núñez, escuchamos "Denle un traguito". Samy y Sandra tenían un verdadero carnaval allí. El público pedía y Sandra les cantaba. "Bla, bla, bla", "La cajita", y "La raspadura" estuvieron dentro del repertorio. El lugar estaba abarrotado, los curiosos se subían hasta en los bustos de los diversos personajes de la plaza, sólo para ver a "La gallina fina".
Más adelante sonaba "El toro enamora de la luna". Los Beachers ya estaban en La Plaza Herrera. No sabíamos de dónde había salido tanta gente, pero todas las tarimas estaban llenas. Siguieron con "La pollera Colorá y cada quien agarró a su pareja.
Volvimos a dar la vuelta y en esta ocasión Osvaldo Ayala con "Si tú me quisieras" cerraba en la Catedral. Más adelante, Alejandro Lagrotta y Karla Lamboglia hacían lo mismo en el Arco.
La rumba se extendió hasta la 1:00 a.m. del domingo con los Combos Nacionales. No había espacio para más, la gente se veía feliz, la buena organización y apoyo de todos los artistas nacionales hicieron que este año la fiesta fuera mejor que las anteriores.