Resulta difícil, hasta paradójico, pensar que Sarah Jessica Parker y Carrie Bradshaw puedan ser tan diferentes. Aunque la actriz y su personaje son idénticas en apariencia -ambas son fashion victims
, glamorosas y siempre son las mejores vestidas de Nueva York-, la
obsesión por la imagen que la mundialmente famosa Carrie sostiene y
potencia a lo largo de las temporadas de la serie que protagoniza, Sex and the City,
no tiene su correlato en la vida de la actriz que la encarna.

Sí, es cierto, siempre está impecable, pero mientras sus looks se mantienen a la vanguardia, Sarah elige dejar que las huellas del paso de los años se cuelen en su rostro. Moda sí, cirugías no, parecería ser el estandarte de esta intérprete que ya superó las cuatro décadas y se muestra orgullosa de ello.
No vamos a ser ingenuos: si comparamos las imágenes de su juventud con las actuales, algún retoque hay. Y mientras su nariz ha sufrido críticas de toda índole -dicen que en el comienzo de su carrera le habían vaticinado un estrepitoso fracaso ante cámaras sólo por la nariz-, se resistió a modificársela drásticamente, como lo hicieron muchas celebrities de renombre.