Y es que a los 30 años su periodo de formar parte de los Rotaract culmina, pero con la satisfacción de haber organizado actividades a beneficio de la comunidad. Esto todavía la mantiene con ánimos, de poder dar un poco más como persona y sentirse orgullosa de su trabajo.
Ser miembro de este equipo humanitario de jóvenes líderes, representa para Marisín un reto, al punto que es un compromiso diario, con grandes responsabilidades y propósitos.
"Crear lazos de amistad con personas de otras culturas, pero con objetivos en común", es uno de los fines de la organización internacional, que busca promover el fomento de la comprensión y la paz.
Esto precisamente le ha ayudado a la servicial joven a destacarse como persona, ya que ha tenido la oportunidad de conocer y darse cuenta de los problemas que atraviesa la clase pobre de nuestro país.
Durante las giras realizadas por estos jóvenes entre los 18 y 30 años de edad a diversas comunidades, han observado la difícil situación.
Marisín cuenta que han ido a la comunidad de Peña Blanca, en la provincia de Veraguas, donde el acceso fue un poco infructuoso, por la lejanía del lugar, igualmente a Guayabito donde las necesidades están a flor de piel.
Debido a ello se han organizado en distintas áreas del país, un servicio de atenciones médicas, para brindar salud a los más necesitados. Además se visitan a los orfelinatos y hogares de ancianos, llevándoles un poco de alivio a sus penurias.
Marisín, quien también es directora de servicio a la comunidad, ha encontrado en Rotaract el verdadero significado de los que es útil, ya que servir para cumplir con una responsabilidad social, es uno de sus mayores retos dentro del club.
Actualmente son 16 socios, 3 invitados y 2 aspirantes, quienes están comprometidos con los que menos tienen.
El Club Rotaract cuenta con la colaboración de clubes de otros países, permitiéndoles trabajar con proyectos conjuntos, crear lazos de amistad con personas de otras culturas, pero con objetivos en común.