El consumo de derivados del cáñamo (como la marihuana o el hachís) se ha duplicado en los últimos 10 años. La sociedad se debate entre el desconocimiento y el rechazo por una parte, y la curiosidad y la despreocupación por otra. En medio se encuentran los médicos, que procuran ceñirse a datos científicos. Esto es lo que nos han dicho sobre el cannabis y sus derivados.
La marihuana y sus derivados contienen tetrahidrocannabinol (THC), una sustancia que libera dopamina, la hormona del placer. "Los consumidores de maría (entendida como los cogollos de la plantas) o de chocolate (la resina que se extrae de los cogollos) suelen buscar su efecto relajante", señala el Dr. José Zarco, coordinador del Grupo de Intervención de Drogas de la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (SEMFYC). Sin embargo, "provoca lentitud de movimientos, poca coherencia de pensamientos y una pérdida de la memoria reciente", explica el experto. Es más, la Organización Mundial de la Salud alerta de que el consumo crónico altera la forma de recibir la información.
Pero el efecto más peligroso de los derivados del cáñamo sobre el cerebro es "que pueden agravar trastornos ya existentes, como ansiedad, depresión o esquizofrenia", advierte Zarco.