Ser hombres en esta era, pero claro desde el punto de vista de una mujer...Sí, mujer, pero que de alguna manera contribuye a la formación de hombres y mujeres de nuestra sociedad...al menos del muchacho que tengo en casa...
Cada tiempo representa nuevos retos, y se trata de retos que buscan llevar a la humanidad a mejores niveles de vida. Y ¿qué son esos mejores niveles de vida?. Es ir más allá de satisfacer nuestras necesidades básicas, alcanzar mejores estatus individuales, desarrollar interrelaciones de calidad, sentirse a gusto con uno mismo y sobre todo con las personas que amamos y con las que convivimos en el día a día.
Suena muy bien ¿no?, más aún, si reflexionamos sobre los adelantos científico-tecnológicos que cada vez nos permiten alcanzar mayor cantidad de años de vida y que estos años sean de calidad.
Pero ¿cómo lograr esa armonía interna que se traspasa a nuestra vida externa? Veámoslo desde lo que significa ser hombre, o adquirir la identidad masculina.
Las personas nos comportamos y llegamos a ser lo que creemos que somos y podemos hacer. No podemos ser algo diferente de lo que estamos convencidos que debemos ser. Nuestro comportamiento en la vida, nuestras relaciones con los demás, la forma en que nos vamos a proyectar e incluso la forma en que vamos a cuidar de nosotros, de nuestra salud y vamos a cuidar o no de la salud de quienes nos rodean y dependen de nosotros, va a estar en estrecha relación con la idea que tenemos de nuestra persona y de cómo debe ser esa persona.
Las dificultades vienen cuando la idea que construimos de cuál debe ser nuestro comportamiento, no corresponde con la realidad, esto produce un desequilibrio interno, que afecta nuestras relaciones, nuestra forma de convivencia y la calidad de vida de las personas que se ven afectadas por esta falta de concordancia.
La forma en que un significativo porcentaje de nuestros hombres aprenden cuál debe ser su comportamiento, no siempre corresponde con lo que es más adecuado para su salud y su convivencia. Es más, muchas veces se trata de un proceso de construcción de la identidad que promueve la intolerancia, ya que la sociedad permea en cada una de las personas una serie de ideas, actitudes y comportamientos que están influenciados por estereotipos rígidos, que no corresponden con la realidad.
Sin embargo, en contraposición, existe otro sector de la población masculina que busca alcanzar mejores niveles de vida a través de la construcción de relaciones de igualdad, a través del respeto y del hacerse valer- haciendo valer. Por consiguiente, actúan con plena conciencia de la importancia de su autocuidado, de cómo inciden en la vida de otras personas y sobre todo de cómo cada uno de sus actos implica asumir una responsabilidad que se enfrenta con madurez.
Para el primer grupo al que nos hemos referido, ser hombre los coloca en posiciones vulnerables, pues significa correr riesgos, competir, mostrarse físicamente fuertes, robustos, atrevidos. Ser hombre es interpretado como un sinónimo de poder tomar lo que se desea, cuando se desea, sin respetar, ni entender los sentimientos y derechos de las demás personas, es opacar los propios sentimientos para mostrar una coraza dura: ¡"Yo no me dejo!".
Pero el asunto es todavía peor, porque en esa confusión que tienen, al intentar ocultar sus emociones y sensibilidad, su esencia humana, que es lo real, lo verdadero, no sólo se niegan el derecho a expresar sentimientos, sino que asustan, alejan y apartan a quienes los aman. Quienes están cerca de ellos es por miedo, temor y muchas veces pánico. Sus actos los exponen constantemente a la posibilidad de contraer y transmitir enfermedades, fácilmente cometen actos violentos y generalmente contra las personas más débiles de su entorno inmediato, constantemente exponen su vida y atentan contra la vida de quienes dependen de ellos.
En cambio, el segundo grupo, nos referimos al grupo que ha aprendido y está aprendiendo a ser hombres en una Nueva Era, son aquellos que aceptan su masculinidad como tal, con fortalezas y debilidades, es decir como humanos, con sentimientos, que valoran dar, tanto como recibir. Como leía este fin de semana, escrito por un prestigioso economista español: "¡qué grande es esto de cuidar a alguien...!...por qué no lo habré hecho más...eso de cuidar así...". Estos hombres, se han enfrentado al nuevo paradigma que representa ser hombres, venciendo algo muy difícil: el miedo a reconocerse tal y como son, para luego estar en capacidad de aceptarse.
Es en este grupo que, en contraposición al modelo tradicional, (no real), los hombres muestran su masculinidad y virilidad a través del compartir, del saberse y sentirse responsables. Responsables por la propia persona, por la propia salud, por la decisión de tener o no hijos o hijas, por acompañarlos en su crecimiento y por supuesto crecer con ellos, como verdaderos hombres, enseñándoles con el ejemplo, lo que es ser hombres- humanos que responden a una realidad cotidiana, al diario hacer, no a una fantasía que los distancia y aparta de la cotidianidad...de la gente...de su gente.
Cuando hablamos del hombre de esta nueva era, se trata de una persona con una buena autoestima, una persona segura de sí misma, que para sentirse bien no tiene que mirar a nadie por encima del hombro, ni tampoco sentirse inferior: se siente igual. Contribuye por igual en su casa, en la crianza de los hijos e hijas, también participa por igual. Es capaz de entender las necesidades de su compañera, porque las comparte. Dialoga y conversa, siempre sobre la base del respeto y los derechos de las personas, ya sean niñas, adolescentes o personas adultas. Maneja más fácilmente el fracaso, no lo sobredimensiona; como ser humano que es, suceptible a equivocarse, reconoce sus errores, modifica y sigue adelante. Su vida es menor estresada y las dificultades de pareja las maneja de mejor manera. Así mismo es capaz de preocuparse y asumir con responsabilidad su salud, la salud de su compañera e hijos y reconoce que cada conducta tiene una consecuencia que asume dándole la cara.
Esta experiencia del ser Ser Humano, no sólo hace la diferencia por la oportunidad de ser y sentirse igual; va más allá, es crecer como persona e involucrarse en el proceso de crecimiento de las personas, sobre todo las que dependen de uno, es poder reconocer que no se deja de ser varón o masculino por ser afectuoso, por jugar y reír con los hijos e hijas, por hacer tareas domésticas, por escuchar opiniones diferentes a la suya; tampoco se es menos viril por aprender a llegar a consensos cuando hay puntos de vista divergentes, es decir, por ser tolerantes y en todo caso reconocer que su verdad, no es la única.
Existen muchos comentarios y descubrimientos de hombres que reconocen el cambio en sus vidas, al ejercer su masculinidad desde el enfoque equitativo. Algunos, que lo han descubierto más temprano que otros, coinciden en lo diferente que es vivir liberados de la presión de tener que mostrarse como no son, para dejar ver lo que sí son: Hombres, Hermanos, Hijos, Esposos, Padres, Amigos... pero sobre todo Humanos.
Bien dice Sampedro, al proyectarse con ideas puestas en la boca de un viejo italiano septuagenario "...qué poco los hombres conocemos de las mujeres" y cómo ese desconocimiento pone de por medio distancias terribles, que no permiten comunicación ni entendimiento y en muchos casos la falsa idea de que la usé, o "la gocé.. pero por encima...". Tomar conciencia de esto después de los 70 años, es fabuloso: en la novela de Sampedro, hizo una gran diferencia en el último trozo de vida de un hombre.
La ventaja de tomar conciencia antes puede hacer una significativa diferencia en los años de vida, pues hace posible la espontaneidad, la capacidad de ser genuino, de no tener que vivir para demostrar nada más allá de lo que se es. Por eso tiene menos probabilidades de enfermar, de afectarse, de ser rechazado; por el contrario, es el hombre querido, respetado sin que para ello medie la fuerza, el control y por supuesto como sus metas son compartidas, le es más fácil caminar hacia ellas.
Las consecuencias negativas para los hombres con una visión tradicional son muchas y en múltiples dimensiones, en el reciente Informe del Estado de la Población Mundial, 2000 emitido por el Fondo de Población de las Naciones Unidas, se enfatiza sobre este tema: "Los hombres que no pueden satisfacer las expectativas de que ser masculino es ser poderoso y competente, pueden responder refugiándose en la pasividad, recurriendo a estupefacientes, cometiendo actos de violencia con quienes son más débiles o asumiendo riesgos desmesurados."
Esta visión equivocada de la masculinidad ha colocado a muchos hombres en situaciones de riesgo extremo, situación que se evidencia al tener el pensamiento mágico, por ejemplo de que no se van a contagiar de enfermedades de transmisión sexual o de SIDA, llegando a tener sexo sin protección. El creciente número de embarazos no deseados, o el alto índice de niños y niñas no reconocidos por sus progenitores, que de manera irresponsable sienten que al no reconocerlos y no verlos, ellos no se ven afectados como hombres de una conducta que no fue responsable-
En otras circunstancias la idea errada de que mientras más hijos o hijas se tienen, más hombre se es, lleva a muchos a tener más hijos de los que realmente pueden mantener de una manera apropiada, digna y dándoles todas las condiciones para que crezcan como personas sanas, libres de carencias, problemas y emocionalmente sanos.
Por la misma línea de pensamiento, estos seres humanos, en muchas ocasiones, al buscar satisfacer sus necesidades, no toman en cuenta los sentimientos y las necesidades de las compañeras, sean circunstanciales o incluso permanentes. Al aprender a ver las cosas desde la perspectiva del bienestar, la responsabilidad y la equidad, estos aspectos cobran especial relevancia y es posible analizar la propia conducta e incluso redimensionarla.
Con la finalidad de terminar esta breve reflexión, quisiera compartir algunas recomendaciones que plantea el Estado de la Población Mundial, como conductas que promueven la equidad:
Practicar la paternidad responsable.
Proteger la salud de su compañera y apoyar las opciones de ésta, a través de los comportamientos sexuales sexualmente responsables, colaborando activamente, utilizando métodos anticonceptivos masculinos.
Hacer frente a sus propios riesgos de salud reproductiva al aprender a prevenir y buscar tratamiento para las enfermedades de transmisión sexual, impotencia, cáncer y otras disfunciones.
Abstenerse de actos de violencia y oponerse al ejercicio de la violencia de parte de terceros.
Promover la equidad y la igualdad, desde su propia conducta como modelo.
Sin embargo, hablando de "conductas adecuadas", sin ofrecer un espacio que pueda brindar mayor orientación y consejería, puede dejar más dudas, por tanto adjuntamos el nombre de organizaciones que están trabajando el tema de la masculinidad y, adicionalmente, exhortamos a las personas interesadas a que busquen apoyo si consideran que lo necesitan.