Hoy las cosas no han cambiado tanto como se piensa. Igual tenemos que estudiar una buena carrera en la que nos paguen un buen salario, debemos casarnos con buenos partidos que nos lleven a vivir a un buen vecindario, tener buenos y lindos hijos, ser buenas madres y seguir viéndonos buenas.
Estas exigencias de nuestras sociedades ocasionan que muchas de nosotras nos sintamos culpables, inútiles e incompletas si no cumplimos estos altos estándares. El resultado: mujeres estresadas e infelices. Muchas veces me he preguntado ¿Existe en verdad el estrés o es un invento de los psicólogos y autores de libros para sacarnos dinero?, ¿Por qué nunca nuestros abuelos y abuelas se quejaron de eso? Mis inquietudes las contestó la psicóloga María Eugenia Moreno-Góngora: “Es algo real, por supuesto. La vida diaria de ahora no es como la de antes, pero te aseguro que algún tipo de tensión sentirían nuestros abuelos; lo único que lo manifestarían de otra manera y le darían algún otro nombre”.
Moreno indicó que las consecuencias físicas del estrés son tan reales que la gente se enferma de verdad y múltiples estudios lo confirman. Según la especialista las fuentes de estrés son múltiples: ambiente (ruido, contaminación, etc.), internas (del individuo), físicas (enfermedades), organizacionales (presiones laborales), etc. Asimismo, los síntomas. La experta definió el estrés como “la respuesta no específica de un ser vivo, en este caso un individuo, a una serie de sobrecargas o demandas que le hacen el medio, los demás o él mismo”.
Estas exigencias lo sobrecargan y agotan física, mental, emocional y psicológicamente. Este agotamiento físico, dice Moreno, se convierte, cuando es crónico y desmedido, en enfermedad o desajustes físicos. Nuestro cuerpo, entonces, se hace más propenso a las enfermedades y sufrimos de dolores musculares o cardiovasculares.
Emocionalmente también nos desajustamos, podemos volvernos agresivos, ansiosos, angustiados, temerosos, descontrolados y problemáticos en nuestras relaciones. En casos graves podríamos hablar de ataques de pánico, fobias, entre otros.
La sociedad y nosotras mismas nos imponemos muchos roles ¿Por qué nos sentimos obligadas a cumplirlos? La especialista expresó que cada persona tiene su propio librito donde descubrir sus motivos; puede ser la necesidad de reconocimiento, el desconocimiento de sus propios límites, la ambición confundida con el genuino deseo de superación al que todos debemos aspirar, pueden ser muchas cosas. Para conocer nuestros detonantes la psicóloga nos invita a su curso: “Mujeres al borde de un ataque de nervios: cómo manejar el estrés laboral”, a efectuarse el próximo 4 de octubre; el teléfono es 264-0433.