Doña Beatriz sintió tristeza al observar poco colorido y escasa representación de nuestro traje típico ayer durante los desfiles patrios.
En época otrora se acostumbraba a ataviar tanto a niños y niñas con sus respectivos vestidos nacionales, dice.
Lentamente se ha ido perdiendo cada detalle de las festividades del mes de noviembre.
Cuando en el pasado se rendía homenaje a la Nación, la festividad era todo un jolgorio. Había variedad de comidas típicas, se notaba un ambiente sano, agradable, se usaban las mejores galas.
Así como los tiempos han cambiado pareciera que la mentalidad cambió.
¿Pero habrá sido para bien o para mal ?
Aunque doña Beatriz diga que los tiempos del ayer son mejores que el presente, mientras haya jóvenes y adultos consciente de que el tributo a la patria va más allá de un lujoso traje, y de un espectacular desfile, habrá un rescate de nuestras tradiciones.
Hay que sentir orgullo de aquellos distinguidos estudiantes, que año tras año se esfuerzan para estar presente en las filas de sus delegaciones educativas.
Sentir orgullo de la diversidad cultural que posee el país, ubicándonos como un crisol de razas.
Reflexionar que tanto el ayer como el presente han dejado huellas imborrables