¿Cómo matar a las cucarachas y otros insectos desagradables sin contaminar los alimentos ni otros objetos del hogar? Este problema ha sido resuelto por un equipo de investigadores británicos de un modo sencillo y ecológico.
Desarrollado en el centro de investigación Southampton Innovations de la Universidad de Southampton, consiste en un recipiente de plástico con un producto aromático que atrae a las cucarachas y otro adhesivo. El producto en cuestión es una feromona, un producto químico que suscita el atractivo sexual.
El éxito de esta técnica se basa en dos factores: que todos los insectos están ligeramente cargados de electricidad positiva o negativa, que atrae al polvo, y que siguen pautas de conducta muy simples. Por eso, cuando la cucaracha huele la feromona, entra en el recipiente y sus patas quedan atrapadas en un polvo electrostático.
En el caso de las feromonas, los machos son atraídos por el olor de las hembras, pero cuando llegan a la trampa se ven sorprendidos por la sobredosis. Eso les desorienta y el olor atrae a otros machos, que abandonan a las hembras interrumpiendo así el ciclo reproductivo.
En el caso de una plaga de cucarachas se emplean cebos en los que el insecto es sometido a un insecticida natural de acción lenta, del que queda impregnado y lo transmite a sus nidos. De este modo, los expertos en desinsectación pueden descubrir los nidos y atacar en ellos a la plaga.
Hay otra versión especial para huertos y explotaciones agrícolas y ganaderas, consistente en una caja de cartón con dos entradas en cuya base se instala el cartucho en el que quedan atrapadas las moscas. La caja se puede colgar de las vigas de los establos. Como todo el conjunto es biodegradable, se puede quemar o compostar sin que se produzcan residuos dañinos.
Las exhaustivas pruebas realizadas han demostrado que, utilizando este sistema en un programa integrado de gestión de la explotación, es una alternativa muy interesante a la fumigación con productos químicos o a otros tratamientos más o menos tóxicos, como los insecticidas organofosfatados.
Esta técnica, fruto de más de 30 años de investigación por parte del profesor Philip Howse (en la foto), de la unidad de ciencias biológicas de la universidad de Southampton, recibió en 1997 el premio Prince of Wales Award for Innovation.