Es fundamental establecer las reglas de conducta de una forma clara, específica y concreta para ayudar a un niño violento. Si no se establecen los límites de la conducta y no se define lo que se puede y lo que no se puede hacer, mal se ha de esperar que el niño se someta a un modelo determinado de comportamiento.
Hay padres que olvidan que sus hijos, a igual que ellos y que todo ser humano, nacieron sin noción alguna de cómo han de comportarse. Por lo tanto, desconocen la diferencia entre lo permisible y lo inadmisible, entre lo obligatorio y lo optativo, entre lo elogiable y lo punible.