En Panamá hay una campaña publicitaria que ha pegado mucho que dice: "¡si no está en...., no existe!" Felicito a los creadores de la misma porque supieron aprovechar la conexión con uno de los más grandes mitos del ser humano. "Si no está en mi mente, no existe". Cuando algo nos da miedo, nos amenaza, nos pone tristes o nos da pena, lo sacamos de nuestra mente y con esto pensamos que no existe. ¡Qué mayor engaño que éste! Yo no estoy en el lugar del que habla la campaña publicitaria y existo. Si Usted que lee este artículo no me conoce, por ende no piensa en mi; yo todavía existo. Lo mismo ocurre con esos temas difíciles como las drogas, el suicidio o la sexualidad de nuestros hijos.
Hace unos días, dando una charla, comentaba a las madres lo que me ocurrió. Estaba leyendo un artículo de cómo cuidar a nuestros hijos de un secuestro. Me puse tan nerviosa que no pude leer los consejos y me oí diciéndome a mí misma: ¡Ay, no! ¡Ni pensarlo! El mismo riesgo existe si lo leo o no, si lo tengo en mente o no. Lo que cambia radicalmente es cómo protejo a mis hijos y cómo controlo la situación. Si supero mi miedo y aprendo sobre el tema, cuando me vea en esa situación podré tomar mejores decisiones. ¿Por qué cree Usted que las clases de preparación para el parto son tan buenas? ¿Por qué enseñan las medidas de seguridad al abordar un avión o en un barco? No es porque desean que algo malo pase. Quizás en este momento Usted pensará que la posibilidad de que a mí me pase algo así es muy remota. Le digo, mi querido(a) lector(a), que ese pensamiento sólo es para calmarse a sí mismo(a). Lo que no existe no se crea por haberlo hablado o pensado y lo que existe no desaparece porque no lo hable o no lo piense.
Hay padres a quienes no les gusta hablar con sus hijos de sexualidad, ya sea porque piensan que al hablar de esto les están dando la idea o el permiso de ser sexualmente activos. Verdaderamente, lo que ocurre es que este tema nos pone nerviosos, no sabemos cómo hablarlo o nos aterra el solo hecho de pensar que queden embarazadas o que dejen a alguien embarazada o aún peor, que contagien alguna enfermedad. Debido a este temor, y para tranquilizarnos preferimos sacarlo de nuestras mentes y así pretender que no existe. Todo ser humano está biológicamente preparado para sentir placer y cuando se desarrolle, las hormonas empezarán a funcionar, no importa cuánto sepan sobre sexo, ¡Por lo que sí existe! ¿Cuál es la conducta más saludable? Explorar nuestros miedos los cuales no nos dejan confrontar estos temas, educarnos al respecto y después educar a nuestros hijos.
Tita tiene una hija de 12 años y a ella le da mucho miedo el solo hecho de pensar que su hija va a desarrollarse. Si ella no le dice nada, el período le va a llegar de todas maneras y su hija puede crear ideas erróneas o puede pedir información de sus amigas o de alguien sin conocimientos. De esa manera, Tita no tiene ningún control de lo que su hija aprenda y su hija no obtendrá la información correcta y nunca sabrá sobre las reglas de su casa o si lo que sus padres opinan es lo correcto. En cambio, si Tita aprende sobre el tema y le enseña a su hija, y junto con esta enseñanza le dice las reglas de cómo comportarse, su hija podrá tomar mejores decisiones y mejor aún, se dará cuenta que sus padres están ahí para educarla y ayudarla.
Esto puede darse con temas como las drogas, el alcohol, las amistades y los sentimientos. Nadie quiere escuchar "mamá he pensado hacerme daño" o "papá, he tenido relaciones sexuales," pero para esto debemos preparar a nuestros hijos escuchándolos, educándolos. No es el hablar del tema lo que pone a una persona en peligro.. Es la falta de conocimiento. Aquellos que tienen la información correcta, toman mejores decisiones y son los que están más a salvo, más aun si conocen las reglas y valores de la familia. Piensa, aprende, educa y PREVIENE.