¡Bájese de la nube! Evite acorralarlos.
Converse con ellos y analicen las ventajas y desventajas de hacer o dejar de hacer algo.
Ayúdelos a pensar en un plan de contingencia, si se equivocan. Y enséñelos a aceptar sus errores.
Déjelos expresar otras maneras de lograr un objetivo.
Permítales que "se roben el show", esto hará que estén más dispuestos a cooperar.
Si ellos encuentran en las figuras paterna y materna especies de dictadores, en vez de guías, asociarán el hogar con un lugar de represión. Buscarán escape. Pueden acertar o equivocarse. Pueden caer presa de pandillas, donde se les acepta y se le abren puertas anchas, aunque con condiciones. Tarde se dan cuenta del alto precio que tienen que pagar por esa "aceptación". He allí por qué es importante la prevención.
La represión, la contradicción, la imposición van a atizar esa rebeldía propia de esa edad. Es mejor bajar un tanto la guardia, eso sí, sin dejar que el muchacho caiga en el libertinaje. Disciplina con amor es lo que va a producir buenos frutos, ya que el muchacho necesita directrices, pero cierto margen de libertad y participación en la toma de decisiones clave en su vida: como la elección de carrera y posteriormente de pareja.
En la construcción de su proyecto de vida, los adolescentes y jóvenes necesitan aliados, no adultos que les pongan barreras, los hagan sentir incapaces o como en un callejón sin salida.
Estar abiertos a escuchar a los muchachos, mostrar interés por sus asuntos, tomar en cuenta lo que piensan y sienten es pertinente. Es el parecer del Rvdo. Ochomogo que urge tender puentes intergeneracionales.
El joven necesita reafirmarse, ganar confianza en los adultos, en la autoridad. Ha de demostrársele que aún hay modelos dignos de ser emulados. Que los adultos no han perdido el liderazgo. Que hay asociaciones positivas, con un norte bien definido, con fundaciones serias, donde los valores fundamentales siguen vigentes. Han de sentir que pueden hallar una pareja confiable, que la Iglesia también es un lugar para crecer individual y colectivamente, que la amistad no está pasada de moda.
Que se sientan identificados con modelos positivos depende mucho de que haya concordancia entre lo que se predica y lo que se practica. O sea, hay que vivenciarlo.
Los padres de hoy fueron jóvenes de otro tiempo, en que quizás sentían también que sus padres no los comprendían. Que estaban desfasados. Por eso, deben ubicarse en el tiempo que vivimos, ver las instancias que inciden en la conducta juvenil: la moda, la música, los medios de comunicación, el ambiente..
La educación también necesita adecuarse a las necesidades, retos y circunstancias del mundo actual.
Por otra parte, recalca el Padre Ochomogo que para ganarse la confianza del joven, el padre ha de respetar el ambiente del hijo, pero no desconectarse.
En sus diálogos con los jóvenes él se ha podido percatar de que ellos a veces se sienten como extraños en su propio hogar, porque los padres están muy ocupados para escucharlos y dialogar con ellos. Y se resienten.
Opina que esos canales de comunicación deben abrirse, construirse. Es una tarea constante en la que vale la pena invertir tiempo y esfuerzo.