Macabra, danza que golpea fuerte, remece, es la de la exposición de Aristides Ureña Ramos, “El ballet del Cabrón”: para despertar la memoria colectiva, para recordar episodios de la historia que hay que impedir que se repitan y la mejor forma es siendo protagonista y no mero observador de los acontecimientos que atentan contra el bienestar de la mayoría y que son el pan de cada día en países de la región, incluyendo Panamá.
Así es Aristides Ureña Ramos, un artista que se ha caracterizado por la denuncia social, por poner el dedo en la llaga, por pintar la sociedad con sus lacras, por señalar cuál es el “talón de Aquiles” de quienes ostentan el poder y el de los “convidados de piedra”.

Esta vez Ureña Ramos exhibe junto a una joven pupila suya de tan solo 23 años, Cristina Ordoñez, egresada del Colegio La Salle, cuya obra pictórica también es de corte social y quien el próximo 14 de mayo se convertirá en la primera panameña en graduarse de Bellas Artes en la Universidad Complutense de Barcelona.
Ureña Ramos “ha retomado los elementos que anteriormente han acompañado su simbología de la obra que narrará constantemente las historias literarias, fábulas, anécdotas, de la campiña panameña, siempre inspirado en la obra de Changmarín y en las narraciones y cuentos de las abuelas. Pero, esta vez la temática la enfoca hacia el militarismo. Es una sátira de la vida, de las acciones y las obras de algunos personajes históricos tanto de Panamá como de Latinoamérica”, opina el también pintor y profesor de arte, Carlos Rivera.

Acerca de la obra de Ordoñez, nos dice Rivera que ésta “es aún más ilustrada y más directa en el mensaje. Crea una nueva interpretación de las facetas, sobre todo y del rostro de conocidos militares de Latinoamérica, elevándolos a una imagen de degradación y crítica, ya que los ilustra como poderosos y a la vez desintegra la imagen, enfocando el sentido de la obra y llevándola a un sentido degradante y bajo, pero a la vez manteniendo la fuerza del mensaje”.
