El Opera Fest tuvo un cierre por partida doble. Fueron dos las funciones de la Opera “II Signor Bruschino” de Rossini en el Teatro Nacional.
Una puesta que dio cátedra en escena, del mejor trabajo operístico y humorístico europeo.
El acto principal dio gala de todas las habilidades histriónicas de los actores con batas blancas, en un misterioso número de “mimos”, sin un fondo musical.
Seguido, los presentes esperaron las primeras notas vocales, acompañadas por la orquesta a cargo del español Ricardo Estrada, quien dirigió una de las obras “más maduras” de las cuatro farsas de Rossini.
Florville (Albert Deprius) comenzó con el primer acto. Su personaje es el que se destaca en gran parte de la trama. Sus cambios van desde vestuario hasta de personaje.
Sus momentos cómicos se dan cuando busca a Marianna (Elisa Troesch), la criada que le pasa sus recados a su amada Sofía.
En los encuentros canta con un tono grave, es cuando habla con Filiberto (Salvador Ríos) para saldar la deuda de Bruschino hijo (Ulises Athanasiadis).
Filiberto representa al personaje lleno de cordura y en búsqueda de la justicia.
Su carácter le permite tomar cartas en el asunto. No permite que Bruschino padre quede sin saldar la cuenta pendiente con su hijo.
Sofía, a diferencia de las “doncellas” que sollozan, es rebelde y está dispuesta a desobedecer a su tutor, Gaudenzio.
Quien no se hace esperar y resulta más gracioso de lo que todos alcanzaron a imaginar es Bruschino padre (Ricardo Velásquez), quien llega e interrumpe en muchas pláticas con la muletilla, “hace mucha calor”.
Con un aspecto de loco y algo desaliñado, Bruschino padre en un arranque de humor se aceleró por casar al Bruschino incorrecto. ¿Cómo hará Bruschino padre para resolver tal paradigma?
Vestuario.
Algo muy notorio fue ver diseños bien pensados y muy profesionales para el acto operístico.
Con un estilo "maxilista" en cada prenda, los colores utilizados fueron vivos y contrastantes.
Florville aparece como un “parisino ochentero” con unos pantalones rojos y negro con print de cuadros. Su chaqueta luce un estampado de arte op art.
Sofía y “Bruschino Junior” lucieron prendas “marineras” con estampados que emulan la porcelana china.
Gaudenzio, por su parte, reflejaba un look romántico y veneciano.
Marianna vestía un uniforme muy parecido a los “arlequines”, al igual que los mimos que realizaban su función de “utility”.
Filiberto, muy elegante, parece un personaje circense.
El papel de Bruschino padre, como un maniático y terco señor pudiente, refleja la apariencia de los políticos de la época de la Revolución Francesa, combinado con un parecido al héroe de las tiras cómicas de Beetlejuice.
No era de extrañarse la reacción inmediata de la audiencia, por las ocurrencias y las molestias del testarudo Bruschino padre, interpretado por el tenor panameño y organizador del Opera Fest, Ricardo Velásquez, quien no pudo escoger mejor obra para despedir el primer Festival de la ópera en Panamá.