Un arma no es un juguete. Jugar a los bandidos y los policías con pistolitas de agua o de papelillo era algo común.
Con el correr del tiempo ya no se trataba de un simple juego y las pistolas eran de verdad. Y niños y jóvenes las están usando para matar, sin piedad, como Josh, el personaje central de “Bang bang, te maté”.
¿Por qué se ha perdido la valoración de la vida? ¿Cómo la presión de grupo incide en la conducta violenta de niños, adolescentes y jóvenes? ¿De qué manera la familia es corresponsable del libertinaje y endebles valores sociales?
Estas son apenas algunas de las preguntas que el espectador pudiera hacerse mientras la trama de esta puesta en escena tiene lugar. También, irá encontrando respuestas.
Ver la obra y quedar con un sabor amargo en la boca no sorprendería. A final de cuentas, todos (familia, escuela, medios de comunicación social, iglesia...) son los padres de los asesinos potenciales que son los niños y jóvenes privados de afecto, tiempo, disciplina con amor, orientación y que son vulnerables al acoso de sus pares (en el colegio, vecindario y redes sociales) y que lo único que reclaman es aceptación social y respeto a su integridad personal.