En las conversaciones en la que los adultos se refieren a los jóvenes, casi siempre hay críticas y desaprobación; de su manera de vestir, de su forma de hablar, de sus relaciones interpersonales, de su visión ante la vida, de sus modales, según estas opiniones, ellos y ellas no hacen nada bien.
Lo que olvidamos es que todas sus actitudes y acciones la aprendieron de nosotros, sus primeros y más importantes maestros. Si no respetan, es porque no los respetamos o porque no vieron que respetáramos a nadie.
Esther De Gracia, del Ministerio de Salud, señaló que decimos a nuestros niños que no mientan, y somos los primeros en mentir y pedirles que mientan por nosotros: "Dile que no estoy", ¿Les suena familiar?
También prometemos cosas que no cumplimos, un ejemplo que dio De Gracia me hizo recordar la vez que prometí a mis hijos ir al cine. Tuve un compromiso de trabajo inesperado y llegué muy tarde. Luego me contaron que Ernesto, el mayor de mis dos niños, se negaba a ir con su tía al cine. "Yo espero a mi mamá, ella prometió que nos llevaría", decía; cuando vio que el grupo se iba manifestó: "Está bien, me rindo" y accedió a acompañarlos. Esto me partió el alma, me estaba convirtiendo en una mamá sin palabra.
Le exigimos a nuestros hijos que nos digan la verdad, y cuando lo hacen, les pegamos o reprobamos su acción. "Si queremos que ellos confíen en nosotros, debemos escuchar lo que quieren decir y creer en lo que nos dicen", indicó De Gracia.
Mientras más temprano establezcamos esa confianza y comunicación es mejor. Hasta los siete años los héroes de los niños y niñas son sus padres; de los 7 a 11 años, son sus maestros y de los 11 en adelante su prioridad son sus amigos.
Si estamos muy ocupados para hablarle a nuestros hijos, cuando queramos hablar con ellos no van a querer hacerlo.
Con todo lo anterior, no queremos decir que hay que fabricarles un mundo ideal e irreal; ellos saben perfectamente cuando algo anda mal. Al momento de hablarles, seamos sinceros.
Si nuestra relación no anda bien y ellos preguntan, expliquémosle de manera sencilla lo que ocurre, haciendo énfasis en que de ningún modo es culpa suya. Algo como: "Los adultos a veces no se entienden y se disgustan, pero si hablan, pueden solucionar las cosas"; así le dices la verdad, sin entrar en los escabrosos detalles.
Las demostraciones de cariño y las palabras de afecto con nuestra pareja frente a ellos son muy saludables y los hace sentirse seguros y amados. La sociedad nos ha enseñado que las muestras de amor son morbosas y que debe relevarse sólo al terreno de la intimidad; si abrazamos o tenemos un detalle con alguien, no faltará quien diga que tenemos "algo".
Esther De Gracia indica que en la manera en la que besemos, abracemos y digamos cosas lindas a los demás, vamos aprendiendo y enseñando a dar amor. Un sentimiento muy necesario para los pequeños.
¿Somos buenos ejemplos?
"Los cuentos tienen su propio encanto y los niños tienen su propia magia", Esther De Gracia.