Es una forma de demencia. Su nombre es Alzheimer. Hoy 18 millones de personas en el mundo la padecen, pero dentro de 25 años la cifra de enfermos/as aumentará a 25 millones. Y, de esta población 24 millones de enfermos/as habitarán los países en vías de desarrollo.
La enfermedad de Alzheimer afecta la vida de las personas de forma tal que les impide desenvolverse por sí solas inclusive para realizar tareas cotidianas que parecen simples como cuidar de sí misma. No sólo afecta la memoria, también el comportamiento.
El cerebro va sufriendo un deterioro paulatino que aumenta con la edad. Una de cada 20 personas con más de 65 años sufre del Mal de Alzheimer. En los países en vías de desarrollo las estadísticas registran 7 millones de enfermos/as de Alzheimer, mientras que en son 11 en las naciones en vías de desarrollo.
Cuando se habla de Alzheimer estamos hablando de una enfermedad que altera el ritmo normal de vida de la persona directamente afectada, sus familiares y quienes le conocen, si éstos se mantienen dándole respaldo, que es lo ideal, con la orientación y apoyo estatal. Y es bien importante que se tenga esto claro, que los pacientes "pertenecen" a las familias y no a los gobiernos. Pero estos últimos tienen que estar conscientes de su papel de proveedores de facilidades para que la población reciba atención especializada oportunamente a costos razonables, porque la salud es un derecho ciudadano/humano.
El hecho de que el Alzheimer se incrementa con el aumento de expectativa de vida hace que haya, a su vez, mayor necesidad de unificar esfuerzos preventivos, de atención, orientación y soporte psicológico al paciente y familiares. Es decir, mueve a establecer redes familiares, comunitarias, nacionales e internacionales de apoyo, para hacer que en medio de su afección la persona con Alzheimer sea respetada como ser humana, se le brinde cariño, cuidados y lleve una vida como parte del núcleo familiar sin ser menospreciada y dejada de lado por considerarsele una carga, sin valorar su dignidad, su aporte y condición humana.
Y, que se entienda bien que estas personas tienen la sensibilidad a flor de piel y muchas veces quizás no puedan expresar cómo se sienten, pero, si son rechazadas o se les tiene lástima o se les lastima, este minimizarlas como seres humanos o peor aún, tratarlas con indiferencia, causa mella en su estado anímico y empeora su salud física y mental.
Hay que dejarlas que intenten valerse hasta donde les sea posible por sí mismas y hacerlas sentirse queridas, importantes, necesarias. Tomarles en cuenta su parecer sin herir su susceptibilidad y estar conscientes de que es normal que cambien de estado de ánimo y se sientan en ocasiones deprimidas porque ven cómo sus facultades físicas y mentales se deterioran.
Es importante que la familia se una en esta atención a los/las enfermos/as de Alzheimer, porque así se fortalecen entre sí los miembros.
Con su amor, paciencia, tolerancia, buena voluntad y espíritu de colaboración en esta empresa común--hacer sentir bien al/la paciente con Alzheimer--cada miembro de la familia y cada amigo/a o conocido/a ayudará a hacerle sentir que la vida merece vivirse y que se convertirán en sus auxiliares memorísticos, porque sus corazones palpitan al mismo compás.