Sin embargo, a pesar de su popularidad, muchos se abstienen de tener un perro en casa por la incomodidad y el desagrado que pueden causar al hacer sus necesidades fisiológicas, sobre todo, si los residentes pasarán la mayor parte del tiempo fuera.
Es así como, ante el dilema de lo cariñosos y buena compañía que puedan resultar, pero los muchos problemas que puedan ocasionar, los expertos sugieren educarlos a tiempo y de forma adecuada.
Señalan que la llegada de un perro a casa es casi como la llegada de un bebé o un nuevo miembro a la familia, donde los residentes y el recién llegado deben empezar a conocerse y plantear las reglas.
Cuando el perro es un cachorro y por supuesto, no tienen entrenamiento alguno, la familia y el perro deberán aprender a vivir juntos y en la mejor armonía posible.
Precisan que los cachorros son tan delicados, que pueden asustarse de cualquier reacción, hasta cuando le hablan alto. Este es el momento para darle cariño, pero también imponer una adecuada disciplina y enseñarle las buenas costumbres que debe mantener.
De no quedar nadie en casa para mantenerlo vigilado, manténgalo dentro de una perrera o casita de donde no pueda salir. Así evitará que ensucie la casa, porque los perros no ensucian su área de descanso, por lo que se aguantarán las ganas de hacer sus necesidades hasta que usted llegue o lo saque al patio.
Si tiene un patio grande y espacioso, con yerba y tierra abundante, entonces establezca un área determinada para su estadía.
Cuando su perro ya tenga tres o cuatro meses no le ponga agua y comida todo el día. Sírvale comida en la mañana y en la noche.
Retírele la vasija cuando termina de comer.
Al regañarlo no le pegue, solo háblele con firmeza. Un "no" con tono de enojo será suficiente.
Si ha cometido alguna falta, golpee con un periódico el sitio donde lo haya hecho. De esta manera, y aunque no lo crea, él poco a poco irá aprendiendo las reglas que usted quiere mantener.