Cuando la luz se apaga, entre sábanas, la mente se abandona y comienza una nueva vida en que se liberan los deseos y temores más profundos, que somos incapaces de reconocer cuando estamos despiertos.
Desde hace muchos siglos el hombre se ha interesado por los sueños, buscándoles un origen y un significado.
Los sueños eróticos son por lo general distintos de la conducta sexual y social que practicamos despiertos. Pueden ser violentos, disparatados, arrebatadores, perversos, responden a conflictos sexuales íntimos y necesidades emocionales ocultas, revelan miedo a la intimidad y previenen contra determinadas relaciones.
Este tipo de sueños en el varón suelen ser con mujeres fogosas y desinhibidas, con aquellas que los desean apasionadamente y que están dispuestas a cumplir las fantasías eróticas masculinas.
Gayle Delaney, autora del libro Sueños eróticos sostiene que es más frecuente que los hombres los tengan de conquista, dominación o placer.
Los caballeros suelen soñar con mujeres anónimas. Se admite que la relación personal es un aspecto muy valorado por la psicología femenina. La educación de las mujeres (y de los varones), el sexismo existente en el subconsciente colectivo y el transmitido con reiteración en los medios de comunicación, hace que las mujeres se sientan más vulnerables durante los sueños y esto es así aunque se trate de mujeres fuertes y decididas en la vida diaria.
Siguiendo a Freud, en todo sueño anida un deseo reprimido, pero también guarda relación con temor, ansiedad y necesidades. Estos temores y necesidades se reprimen en la vida cotidiana por ser situaciones amenazadoras o por falta de tiempo para encarar el problema.