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Abre un agujero para vaciar el huevo y luego hace miles de orificios. Lleva un control-archivo de la cantidad que le ha abierto a cada huevo.
El artesano esloveno Franc Grom, de 72 años, se dedica a un arte de extraordinaria precisión: decora cáscaras de huevo mediante un calado miniaturista con miles de perforaciones, que los hace parecer de encaje.
En la aldea de Stara Vrhnika, unos 20 kilómetros al sur de Liubliana, este electricista jubilado ha producido en los últimos 20 años unos 770 huevos afiligranados, cada uno una verdadera obra de arte, con precios de cientos de euros.
Los huevos suelen tener entre 1,000 y 3,500 microperforaciones, aunque Grom ha logrado producir uno con 24,000 agujeros.