Los hijos crecen tan rápido que si ayer María acaba de dar a luz, a los meses ella le llama para decirle que le están saliendo los primeros dientes a la bebé. Ésta pronto ya balbucea y más tarde comenzará a dar sus primeros pasos. No se sorprenda que "en un abrir y cerrar de ojos" está usted junto a la nena quien, uniformada, de la mano de mamá está lista para su primer día de clases.
Y así, como las estaciones, se pasa la vida, con sus altibajos y resulta que cuando va a ver ya la pequeña es toda una adolescente y tiene celular, porque la cuenta del teléfono viene tan alta que asusta.
¡Qué lindo es ver crecer a los hijos! Y, ¡ qué triste perderse todo ese proceso! Ciertamente tiempo no es precisamente lo que sobra, pero, como están las cosas no se puede dejar que los hijos crezcan sin guía, sin afecto, sin compartir momentos tan importantes en su vida con los seres queridos. Salir en la madrugada, laborar por ocho o más horas, andar en la corredera contra el tiempo, llenarles de cosas materiales, responderles con un "no puedo hoy, mañana" a su petición de compañía y atención es usual, pero inaceptable e imperdonable por parte de ellos.
Con los años los muchachos, quienes cuando niños casi imploraban por tiempo para ellos, van sabiendo con quién cuentan y con quién no. Unos sí y otros no, entenderán que los padres por estar trabajando para proveerles el sustento, no están disponibles tanto como ellos hubiesen querido. Y van formando redes de amistades, conocidos, compañeros de aulas. Pero, ¡cuidado!, también pueden caminar en la dirección equivocada haciendo caso a personas ajenas a ellos y que quieren aprovecharse de su ingenuidad, su soledad, sus vacíos afectivos, su desorientación y búsqueda de afecto, compañía y necesidad de aceptación. Procure tener un mayor protagonismo en la vida de sus hijos.