James Cameron logró una efectiva secuela del éxito "Terminator" y dejó el proyecto cuando mucho se hablaba de la tercera parte de esta historia.
John Connor (Nick Stahl) tiene ahora unos veintitantos años. Vive apartado de la tecnología, anda solo, trabaja aquí y allá y sigue con las pesadillas de siempre: el fin del mundo, el día del juicio y la guerra contras las máquinas.
Del futuro, nuevamente llegan dos organismos cibernéticos, un modelo T-X (Kristanna Loken), una especie de Terminator anti-Terminator y el viejo, pero eficiente, T-800 recargado con algunos programas básicos de sicología y entendimiento humano. Mientras que la T-X busca eliminar a más de 22 objetivos, todos ellos lugartenientes de John Connor en el futuro, ahora el T-800 busca proteger a Connor y a Kate Brewster (Claire Danes), quien sería la esposa de Connor y quien realmente envía al T-800 para protegerlos de la T-X en el pasado.
James Cameron logró una efectiva secuela del éxito "Terminator" y dejó el proyecto cuando mucho se hablaba de la tercera parte de esta historia. Arnold estaba deseoso de repetir el papel y finalmente encontraron a Jonathan Mostow, un buen director que se destacó por "Breakdown", con Kurt Russell y más adelante con "El submarino U-571", aunque no pudieron reclutar a Edward Furlong para repetir el rol de John Connor debido a problemitas con el "drushh".
Si bien T-3 no es lo que a los cinéfilos les hubiera gustado de la primera o la segunda parte, no deja de ser un producto entretenido. Sus efectos especiales son hábil, pero estruendosamente manejados por el equipo de Mostow, quien parece trabajar más en la humanización del rudo y robótico Schwarzenegger, que entregar una historia bien narrada sin vacíos argumentales obvios. Sin ser la mejor o peor de la serie, deja espacios para una siguiente parte que podría llamarse "T-4 La guerra de las máquinas", pero esta vez sin Ajnuldd, porque no soportaría ver al Terminator con un bastón de Titanio, canas de fibra de vidrio y unas reumas que no tendrán aceite 3 en 1 para ser aliviadas.
Este año, luego de muchas peticiones y ruegos, no se les brindó más dinero. Los organizadores temen ir de lo sublime (el festival del año pasado), a lo ridículo; al desilusionar a los que vienen de montaña adentro esperando ganar un premio y que se tengan que ir sólo con una palmada de felicitación en la espalda. Aman lo que hacen, pero sin los recursos necesarios, temen que se dificulte tanto la tarea al punto de dejar de realizar el festival. Esperemos que esto no ocurra.