Hay mil y una manera de decirle a los demás “eres especial”, “me importas”, “tus alegrías y tristezas las siento como mías”. Una de ellas es aceptando a cada uno con sus virtudes y defectos, con sus diferencias, con sus limitaciones, con su manera particular de ser y, si se cree que necesita cambiar, saber hacerle la sugerencia sin herirlo, porque “el otro” también tiene derecho a sentirse aceptado, soñar, triunfar, ser No. 1, tener la autoestima alta.
Estas reflexiones vienen a raíz de que asistimos a la presentación de la obra infantil “Un angelito travieso regalo del cielo”, el viernes pasado en el Teatro Anita Villalaz, una puesta en escena de la Caja de Ahorros, donde hijos y otros familiares de los colaboradores de esta empresa bancaria se lucieron en las artes escénicas, para deleite de una nutrida concurrencia.

Y, he aquí que esa tarde (en la que en la sala del Anita Villalaz reinó un ambiente de unidad, alegría y apertura por parte de chicos y grandes) del cielo cayeron ángeles. Ángeles que aunque eran diferentes tocaron a las puertas de hogares donde se les recibió con los brazos abiertos.
Según nos explicó Dayra Torres, quien tiene una experiencia en el tablado de tres lustros, el objetivo principal era mandar mensajes para estimular la inclusión, porque, si Dios no discrimina a las personas discapacitadas, ¿por qué hemos de hacerlo nosotros, simples mortales imperfectos? Si todos caben en el cielo, han de caber también en la Tierra el corazón de sus semejantes.

En su quinto año como productora, Dayra Torres está complacida con el éxito que logró la obra, cuya letra es de Daniel Gómez Nates y en la cual ángeles y personajes de cuentos clásicos llevados al teatro fueron el deleite de todos.
