Variedades

Tertulia con Doña Adela


Tiene 19 nietos, 24 biznietos y 4 tataranietos. Hoy cumple 99 años. Fue la primera telegrafista de Arraiján.
No todo hijo de tigre sale rayado. Hija de político, casada con político y con hijos políticos, Doña Adela Del Vasto, Vda. de Herrera, nacida en 1900, residente en Arraiján, criada con atenciones especiales propias de las familias acomodadas, vivió muy de cerca la política, pero no es política. Su familia y ella fueron víctimas de las pasiones políticas y extremismos.
Su padre, Orlando Del Vasto, era un hombre adinerado, muy estricto y muy conocido. Ella ha sido testigo de la arrogancia y prepotencia de políticos que "creen que nadie más que ellos vale", según manifestó. Agregó que son como esa gente que "creen que porque tienen plata están en la gloria".
La visitamos la tarde del domingo pasado a la hora del té. Su sobrina Adis nos había llamado para concertar la entrevista. No pudimos confirmar, pero nos aventuramos. Y con la guía de Dios dimos con la casa de la sobrina que luego nos condujo hasta la de la Sra. Adela. Por fortuna y para alegría nuestra, porque la pasamos muy bien escuchándola. Es una excelente interlocutora.
Otra vez la mano de Dios, porque, nada más entrar a la vivienda y comenzó a llover por varias horas. No importaba. El tiempo transcurrió sin percatarnos. Nos fuimos al anochecer.
Nada más entrar a su hogar y ella nos brindó unas galletas de soda. Es una gran conversadora. Sus nietos dicen que disfrutan oyéndola relatando anécdotas de cuando era muchacha y hasta cuentos de miedo.
Su madre se llamaba Serafina Rosales. Sus abuelos tenían finca por Cerro Cabra. "Cuando yo era chiquita las casas eran de paja". Pero, en la finca ella era como una princesita. Recuerda que "los mozos me transportaban en las piernas, a caballo para que no me ensuciara los pies". Y con varios mozos escoltándola y cuidándola.
Eran dos hermanos. Ella era la única niña. Vivió un tiempo con el abuelo en Chepo y después se movilizaron para Arraiján. Recuerda cómo les venían a vender bollos changos envueltos en frazadas y otros alimentos. Y ella, que era remilgosa para comer, a menos que supiera que la comida estaba bien limpia, lo primero que miraba era los pies de las personas y según le parecieran determinaba si comía o no lo que le ofrecían. Así fue como una vez que le venían a vender pan y la persona estaba descalza ella no se fió de esto y se mostraba renuente a comerlo hasta que vio que el área donde lo hacían estaba limpia.
Cuando le preguntamos la fecha de su cumpleaños los ojos se le iluminaron y con seguridad dijo: "Nací el 16 de diciembre de 1900". Lo que quiere hoy, es "que me vengan a ver".
DIALOGO CON EL PRESIDENTE
En 1951 la Sra. Adelaida trabajó con el Dr. Arnulfo Arias en el Seguro. Relata que : "Cuando se formó la corredera porque tumbaron a Arnulfo yo estaba por la Presidencia y mi hermano me embarcó para Arraiján". De no haber sido así, quién sabe que habría pasado con ella, cuenta. Aclara que: "Yo no gustaba de Arnulfo Arias".
A ella no le gustaba que le anduvieran mirando las piernas y, aunque en ese entonces los vestidos que se usaban eran largos, relata que "Cuando yo entré a la Presidencia me preguntaba: ¿Qué me irá a decir ese hombre? ¿Será malcriado?". Y he aquí el diálogo que sostuvo con el Dr. Arias.
Como ella entró y se sentó de inmediato, él le preguntó: "¿Qué pasa, estás cansada?" . Ella respondió "No, ¿por qué?". El le explica: "¿Por qué te sentastes?. Y ¿por qué te tapas tanto las piernas es que las tienes feas?". Ella le riposta: "¡No las tengo feas, pero no me gusta que me las estén mirando!".
Y, hablando de cosas feas, ella agrega que "sólo mirándole los pies a la gente me doy cuenta si son cholos. Cuando Omar Torrijos vino a mi casa, lo primero que le miré fueron esos piesotes y me dije: Es cholo, cholo".
MAS ANECDOTAS
A sus 99 años le encantan las papitas fritas, el agua bien fría (no la toma si no está fría", el té y las guayabas. Come casi de todo. Pero, de sopitas no quiere saber. Aunque, a veces las toma cuando le dicen que se las mandaron sus hijos y que se van a poner tristes si se las desprecia. Mientras no la convencen se niega a ello y dice que ni está enferma ni es pobre para que le estén dando sopitas y pide que le den comida sólida.
Le encantan los dulces, el helado (menos el de chocolate), disfruta las serenatas y le gusta ver TV. Recuerda que "me acostaba en las piernas de Ezequiel a verla juntos". De su esposo dice que era muy amoroso y "siempre me complacía".
Por cierto, nos confió que si bien es cierto que el primer beso se lo dio su novio, ella hace rato que quería que él se decidiera. Y, de no haberlo hecho él, a lo mejor ella hubiera tomado la iniciativa. Mientras hablaba del tema se reía y se reía. Y nos contó que solían pasear en el tranvía. Lo que nunca nos dijo es cómo se las arregló para escapar a la vigilancia severa de su padre que nunca la mandaba sola a ningún lado porque era muy celoso.
"No me dejaba salir sola. Siempre iba con varios mozos que me acompañaban y cuidaban. Me mandó a estudiar a Cuba pero no pude porque vino la Guerra. Cambió todo. Nada más estuve allá tres meses. Ahí sí que había hombre feo".
A ella le encantaba bailar con Julio Mercado y los pasillos y valses. "Pero separados", aclara y enseña más o menos a qué distancia uno de otro. Y el nieto Samar que la escucha le pregunta: "Y ahora ¿cómo es, a ver?". Ella lo mira de reojo y arruga el entrecejo.
INFANCIA Y ADOLESCENCIA
Sus tiempos de infancia eran los del apogeo del tranvía. "Tenía primero 2 carros, después le agregaron dos más y después cinco", dice.
. Su padre, su esposo y dos hijos fueron alcaldes de Arraiján. "Cuando mi papá fue Alcalde pavimentaron la calle central en Arraiján", comenta.
Su esposo tiene 57 años de muerto. Falleció a los 47 años. Tuvo 9 hijos, de los que cuatro ya murieron. Ella vivió por calle 13, donde la familia Icaza. Su familia, además de políticos, cuenta con periodistas de la talla de Roberto Núñez Montoto, Norma Núñez Montoto, Pablo Montoto y artistas como Celideth Rosales. También educadores como Don Cristóbal Adán Urriola, quien fue Ministro de Educación. Por eso será quizás que ella ama tanto la lectura.
DISCIPLINA
"Nada más tocaba un timbre y me venían a atender". También su esposo la consintió bastante. "Era un caballero, hasta las uñas me hacía", rememoró.
Sin embargo, el hecho de que fuera una niña de familia acomodada no quería decir que no hubiera reglas que cumplir y que abusara de su condición. "En mis tiempos había disciplina, respeto y buenas maneras", dijo.
Cuenta que ella iba en una panga con cuatro mozos "uno al frente, uno atrás y uno de cada lado y todos a buena distancia de ella".
Su papá era muy estricto y de él aprendió ella a serlo con sus hijos. Recuerda que él cuando fue Alcalde impuso el toque de queda y no había chiquillo en las calles a deshoras. Explicó que cuando ella tuvo sus hijos no se iba a la cama hasta que no estaban todos recogidos en casa. Si había alguno en un baile o cantina, ella llegaba por los alrededores le silbaba dos veces y vaya que tenían que acudir pronto, sino, se atenían a las consecuencias. Una reprimenda y un castigo.
Ella se impone aún a sus 99 años: "Lo que yo me quiero poner me pongo". Familiares suyos relatan que cuando la llevan a la casa de allá abajo (varios viven en Arraiján) se está unos minutos, se sienta, se cansa y pide que la regresen a su casa.
La complacen porque ella también lo hacía con sus hijos y otros familiares, vecinos y conocidos. Es muy querida porque era muy generosa, "se sacaba el pan de la boca para dárselo a quien lo necesitara. También estaba presente en los entierros, fiesta de San Nicolás y organizando toda clase de eventos en la comunidad. El cura, en ese entonces Monseñor Carlos Ariz, se hospedaba en su casa siempre que iba a Arraiján a la Fiesta de San Nicolás".
Muy oronda nos dice que: "Catalina de Arias, la mamá de Arnulfo Arias era mi madrina. En la primera comunión, el vestido más lindo fue el mío. Ella me lo regaló. Después me llevó a comer al Hotel Colón".
Siguió recordando de cuando era niña y le gustaba jugar pelota y cabalgar. Su familia tenía mucho dinero, caballos y vacas. Ella vio poblarse y crecer Arraiján. Fue testigo de las pugnas entre políticos criollos. En medio de los relatos aludía a sus nueve hijos a los que tuvo que criar sola después que su esposo murió hace 57 años cuando apenas tenía 47 de edad.
CONFIA EN MIREYA
Por otro lado, Doña Adela no es Arnulfista, pero, opina que es bueno que Panamá tenga una Presidenta, porque: "Ella sabe como se gobierna una casa y tiene que comprender como se gobierna un pueblo".
Sigue contándonos anécdotas como de cuando iban al río y éste crecía de pronto, de la vez que siendo niña "ví al tigre y le halé la oreja" y cuando se lo mostró a quienes la acompañaban fue que se dieron cuenta de que era el tigre y lo mataron. "Pero a mí no me hizo nada y lo tuve así cerquita". También nos dice que a ella nunca la enseñaron a comer mariscos. Su padre era matarife. Entonces, ante la pregunta: "Y, ¿cómo hace en Semana Santa?", contesta de inmediato la dulce cumpleañera: "Como huevos". ¿Sólo huevos?, le decimos. Mueve la cabeza en señal de afirmación: "Huevos, puro huevos". Pero, para su cumpleaños quiere un dulce bien grande, una serenata, que la visiten y que no le vengan con cuentos de que está vieja, porque, como dicen sus nietos adolescentes: " Tiene la vista más clara que nosotros. A veces viene alguien a la distancia y ya ella lo ha distinguido y nos ha dicho quien es".


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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