"No he sido preso, no he pedido y tengo, creo yo que tengo, un récord exquisito. No le debo nada a nadie. Yo hice de todo en la vida menos robar. Yo nací en 1904, el 10 de diciembre, empecé desde niño a trabajar donde una tía, recogiendo café a 10 centavos por día. Allí estuve hasta que ya ella me pagó B/.0.40 y entonces yo me salí a trabajar donde un señor que se llama José Díaz".
Madrugar a las 3:00 para ordeñar, trabajar como plomero y las labores agrícolas son otras faenas que forman parte del historial laboral del Sr. Daniel Bethancourt Ramos, un hombre sencillo, trabajador, conversador, honesto y, como se podrán dar cuenta los/las lectores, un comerciante nato.
"Yo he trabajado con hacha, machete, pico y pala, primero en Miraflores y después me cambiaron a Milla 1...Armando láminas de zinc en alcantarillas, de allí me dediqué a la plomería. También, llenando tanques de agua con paipas de 12 pulgadas.
Y de allí fui a dar a Colón. Ibamos a trabajar allá con paipas de 30 pulgadas. Tenía que casquear las alcantarillas". Folclorista de larga trayectoria a quien le van a hacer un homenaje como Hijo Meritorio del Distrito de La Chorrera el 3 de noviembre, una tarde dominical que lo entrevistamos, encontramos al señor Daniel en el portal de su vivienda, tomando el fresco y recordando cómo era Matuna y otros sitios de La Chorrera en las primeras décadas del Siglo XX: "No había agua potable para tomar. Habían los chorritos, las ciénagas, el capitán (trapichito) y El Espino".
Eran los años en que la carne se compraba por cuartillo y la tela por braza (soga). En que se viajaba en tranvía y en que no había electricidad y se alumbraban con guarichas y lámparas de mechita.
"Antes una asadura de res con todo valía B/.1.00. Ahora una libra (B/.2.05) y nosotros comíamos carne buena y verduras fresquitas, sin hormonas y todo eso. Come de todo, yuca, ñame, otoe, etc. Ahora usted ve un pepino así de grande, pero es pura hormona".
LOS PRIMEROS MORADORES
El, quien nació en calle Bolívar, es uno de los fundadores de La Chorrera. El terreno donde tiene su casa era de Juana Bautista de la Coba. Ella le dejó éste a los moradores del pueblo.
Relata: "Entonces ella decidió venderlo en 200 pesos sencillos. Entonces un señor, Guillermo Arias, prestó la plata para pagarlo. Aquí estuvimos bastantes, muchas personas, contra la venta de las tierras porque querían venderla y nosotros fuimos opuestos a esto por el motivo del gasto. Si vendieran la tierra, los pobres no podrían hacer casas, los ricos sí. Después vino un presidente y dispuso venderla. Nos dijeron que cada uno tenía que pagar su lote".