MÁS SOBRE ESTAVALIENTE MUJER
- A los 8 años, la mamá le habló de la muerte del mellizo. Praxda supo “por qué siempre sentía que me faltaba un pedazo de mí”.
- Nunca le gustó eso de sentirse que, “bueno, al menos les quedó la niña”; de ser una especie de “premio consuelo” y comenzó a autoexigirse más cada día. Sentía que tenía que llenar las expectativas. Hacer bulla, destacarse.
Praxda Zohara es la primera médica en su familia y laboró en un hospital público, pero no pudo con el sistema, la corrupción y burocracia y como hizo el “juramento de Hipócrates”, que en esas condiciones no puede cumplir, eligió la docencia y ahora la literatura, como maneras de ganarse la vida.
Tiene 29 años. Nació el 5 de junio de 1983. Signada por el dolor.
Hace cuatro años es docente en la Escuela de Medicina de la Universidad Latinoamericana de Ciencias y Tecnología, ULACIT, donde dicta la cátedra de Anatomía humana y está terminando Psicología, carrera que le ayudó a sanar y aligerar el pesado equipaje de dolor, resentimiento, angustia y tristeza que por años le robó la paz.
Escribir le ha gustado siempre. Leer también.
Siempre la escritura fue su refugio. Es que creció rodeada de libros. Su madre le enseñó a amarlos. A los siete años, ya había leído a Víctor Hugo y a Charles Dickens.
En buena hora, Praxda (que significa ‘verdad’) escribió “Sobre tus hombros: cartas a un padre”, su primer libro, que presentará en la Feria Internacional del Libro, el sábado 25 de agosto, a las 4:00 p.m. en el Salón Chaquira de Atlapa.
Escribirlo fue como una catarsis. Allí, en 32 cartas, vertió todos esos sentimientos que la ahogaban. Por fin sintió un alivio y está segura de lo que quiere en la vida: ser ella, libremente, con sus pensamientos radicales, sin buscar aceptación de nadie. Sin permitir que nunca más le hagan daño.
Rompió el silencio y reveló que fue víctima de violación para evitar que algo similar le ocurra a otras niñas, por exceso de confianza de sus padres.
Las lágrimas que había que llorar ya las lloró.
Está lista para hablar tanto de esto como del abandono de su padre. Nos dice que ya cicatrizó las heridas. Primero hizo las paces consigo. Enfrentó todos sus temores y frustraciones.
Con esta obra, Praxda cierra esos capítulos escabrosos de su vida. Pone de lado el resentimiento y le quita importancia a tantas incógnitas, muchas que aún siguen sin respuesta, que le aguijoneaban el alma como filosos puñales: ¿por qué murió su hermano y no ella?, ¿por qué sus padres tuvieron que vivir al unísono duelo y alegría?, ¿por qué su papá la abandonó?, ¿por qué no estuvo con ella las miles de veces que lo necesitó?, ¿por qué dejó ese hoyo tan grande en su alma y corazón? ¿Por qué la violaron?