Para hablar verdaderamente de culpa tendríamos que suponer que hay una intención de hacer daño y una acción a sabiendas de que éste se provoca. Muchos padres de homosexuales han cometido graves errores en relación a sus hijos del mismo modo en que lo hacen muchos padres de heterosexuales, pero es imposible juzgar que tan culpables son de esos errores. Los padres tienen su propia historia, viven tal vez circunstancias difíciles o actúan erróneamente por ignorancia. De cualquier modo, la culpa se referirá a las acciones en sí, no a la homosexualidad del hijo.
Sabemos, por ejemplo, que muchos homosexuales varones tuvieron padres ausentes física y emocionalmente, con dificultad para acercarse a ellos afectivamente. Estos padres serán entonces culpables de este distanciamiento, pero no de la homosexualidad en sí. Y al juzgarse a causa de esa culpa, los padres deberán también ser compasivos consigo mismos. Tal vez esos padres, a su vez, tuvieron padres distantes o fueron maltratados en su infancia. No parece creíble que un hombre que tuviera una buena capacidad afectiva decidiera no ser afectivo con sus hijos.
Este es un tema delicado. En todo caso, el discurso acerca de las culpas no conduce a ninguna mejoría. Culpar a los padres es una forma de deshacerse de la propia responsabilidad. Y que los padres se hundan sintiéndose culpables los paraliza y les impide ayudar a su hijo o a su hija que tanto los necesita. Hay que reconocer las culpas verdaderas, pedir perdón por ellas y procurar sanarlas. Los errores del pasado sirven para aprender nuevas formas de vivir en el presente, formas que deben incluir el respeto, el apoyo, la aceptación y la búsqueda de la cercanía con Dios.
Deben hacer lo mismo que con cualquier otro padecimiento psicológico. Lo primero que hay que hacer es asegurarle que es su hijo y que lo aman, pase lo que pase. Ese hijo no es una tragedia. Toda la alegría y las bendiciones que han compartido, siguen estando ahí. Son los mismos padres y el mismo hijo. El amor es el mismo, sólo que ahora ha de demostrarse con mayor claridad. Este es uno de los momentos cruciales en la vida de su hijo. Necesita, tal vez más que nunca, apoyo, comprensión, y lealtad.
Después de haber reiterado el amor incondicional, hay que orientar al hijo de la mejor manera posible. Para ello, probablemente los padres mismos necesitan buscar información adecuada y alguien que los oriente, incluso, si es necesario, acudir a un terapeuta familiar para aprender a manejar el problema. Hay que procurarle a la persona la mejor atención posible.
Si hay problemas en la familia, procurarán resolverlos, de modo de poder ofrecer al hijo un ambiente seguro, acogedor, donde pueda plantear sus dudas, compartir sus sentimientos y ser auténtico. La persona homosexual tiene fuertes problemas respecto a descubrir su identidad y aceptarse a sí misma, y si tiene que comenzar por mostrar una falsa imagen en casa, esto empeora las cosas. Hay que comprender que sufre mucha angustia por la problemática que vive y por el rechazo social.
Esto no quiere decir permitir cualquier tipo de conducta o actitud. Como con cualquier hijo, debe haber límites sanos y se debe respetar el hogar.
Tal vez el hijo opte por un tipo de vida que los padres no aprueban, esta desaprobación debe manifestarse con claridad y firmeza. Pero hay que tener presente que lo que se rechaza es la conducta, no al hijo. La situación es delicada, pero no deben olvidar que quién más sufre es el propio muchacho.
¿Tienen los padres la culpa?
El tema de la homosexualidad es bastante delicado, y el discurso de ponerse a ver quien tiene la culpa no conduce a nada.