Más allá de la imagen de hombre sencillo y calmado que proyecta, pocos pudieran adivinar que estamos ante un hombre que ha luchado durante años por rescatar a los niños de los brazos de la muerte. Trátese de pequeñines que han nacido antes de tiempo, de bebés que traen problemas o de infantes a quienes la desnutrición les roba el aliento, el Dr. Rodolfo Poveda, siempre está allí.
Por ello, sus 46 años al servicio de los pequeños fue recompensado con la Orden Vasco Núñez de Balboa, en el grado de Comendador. Sólo supo que se le entregaría esta distinción horas antes durante un seminario que se le dedicó en el Hospital del Niño.
Inmediatamente después de recibida la medalla de manos del viceministro de Salud, Dr. Alexis Pinzón, expresó con nerviosismo su agradecimiento, mientras su compañera de toda la vida, Marcia Xatruch, le aplaudía desde el público.
En las aulas del Instituto Nacional nacieron sus inquietudes por la medicina, al escudriñar un libro de historias de médicos. Viajó a Argentina, donde hizo una carrera que culminó en 1956. Tres años más tarde sus maestros de la Universidad Nacional Autónoma de México le regalaron un libro de pediatría al ver sus inclinaciones y cariño natural hacia los niños.
Ya en su patria, el Dr. Poveda trabajó duro en instituciones de salud que no contaban con protocolos de atención en materia de prematuros, ni con divisiones de neonatología. Creó en el Hospital del Niño y en el Santo Tomás secciones de neonatología.
Una de las labores que más le ha llenado de satisfacción es trabajar con niños desnutridos y ver cómo los pequeños salen de cuadros graves de desnutrición y se recuperan en su totalidad para llevar vidas totalmente normales.
Poveda fue nombrado asesor en el Instituto Gorgas, en donde tuvo que convencer a los militares norteamericanos, quienes no creían que en un país tan rico como Panamá hubiera niños desnutridos. Capacitó a los coroneles acerca de los problemas nutricionales de los infantes.
Un caso que recuerda con especial cariño es el de un desnutrido de 5 años que pesaba 8 kilos, estaba demacrado y ojeroso, lo trató lo mejor que pudo hasta que el pequeño se recuperó, luego supo que llegó a ser maestro.
El mejor de los reconocimientos que el Dr. Rodolfo Poveda ha recibido es el cariño y agradecimiento de las madres agradecidas por salvar a sus hijos, un simple "Gracias doctor" recompensa todo su esfuerzo.
Toda una vida al cuidado de los pequeños
"Atiendan por igual a todos los niños, sin importar su nivel económico, raza o religión", es el mensaje del Dr. Poveda para sus colegas.