Sé que en varias ocasiones he escrito sobre la importancia de la buena alimentación, de la inclusión de vegetales y proteínas saludables en la dieta y sobre los beneficios de una alimentación balanceada, pero si bien es cierto que en la mayoría de las ocasiones trato de alimentarme correctamente, también es cierto que me gusta darme un gustito de vez en cuando, especialmente después de portarme bien por largo rato.
Tengo que decirles que esto de freír me viene muy natural, en la escuela de cocina mis profesores y compañeros solían llamarme The frying queen, algo así como reina de las fritangas en español, como los panameños somos amantes y grandes consumidores de las buenas frituras, pues supongo que esto estaba en mi sangre y salió a relucir en todo su esplendor estando allá.
Mientras muchos se acercaban al aceite caliente con temor y recelo, yo lo hacía con mucha confianza y entusiasmo.
Son un sinfín las cosas fritas que he comido en mi vida, entre mis favoritas las tortillas panameñas y las papas fritas a las cuales ya dediqué una columna anterior. Todas las culturas con gran tradición culinaria tienen entre sus platos más representativos algo que se fríe en abundante aceite, los españoles con sus croquetas y lo estadounidenses con su famoso pollo frito sureño, por ejemplo, y es que hay una propiedad milagrosa en el aceite, que malo o bueno para la salud definitivamente hace que todo sepa mejor.
Pero en realidad, al darles el manejo correcto a los alimentos que se van a freír, resultan no ser tan perjudiciales a la salud como la mayoría de las personas se imaginan. Mucha de la mala reputación de las comidas fritas viene del desconocimiento de las técnicas correctas, la clave está en utilizar los aceites apropiados a las temperaturas adecuadas.
El aceite debe estar lo suficientemente caliente, como mínimo a 350 grados y máximo a 400 grados y se deben usar aceites como el de maní o canola que soportan altas temperaturas.
Este contraste de temperaturas entre la comida fría y el aceite caliente creará casi de inmediato una corteza externa en los alimentos que los sellará, evitando la absorción de aceite adicional. Utilizando un termómetro siempre sabrá y podrá mantener la temperatura correcta.
Les garantizo que con este método la absorción de grasa será mínima, así que como ven, el asunto no es tan malo, siempre que se usen los métodos correctos. Así que hagan como yo y no teman acercarse al calor cuando tengan ganas de satisfacer un antojito pecaminoso.