Año tras año millones de niños en los cuatro puntos cardinales pierden el año escolar. Otro significativo número abandona el aula.
Cuando un niño pierde el año escolar o como suele decirse fracasa, pierden todos. Pierde la sociedad. Pierde la escuela. Pierden los profesores. Pierden los padres. Pierde el niño, cuyos sueños y posibilidades de desarrollo se truncan si no es capaz de asimilar qué sucedió.
Puede que se frustre, abandone la escuela, busque culpables o sienta que es un bueno para nada. También puede que le importe poco y que anide en él resentimiento social.
Hace unos días en la Universidad Latina de Panamá vimos el filme “Waiting for Superman” (Geoffrey Canada), gracias a iniciativa de la Fundación Unidos por la educación.
Entonces, un torbellino de ideas acudió a nuestra mente. Y mucha preocupación. Vimos cómo la educación en Estados Unidos anda trastabillando hace décadas. Aunque, hay sectores que comienzan a despertar del letargo colectivo.
Concordamos con el filme en que los grandes culpables son los adultos y este reafirma esa convicción de que la educación debe asumirse como un compromiso de todos, como un asunto de Estado si no se quiere caer en una especie de arena movediza.
La comunidad se perdió tremenda película y el foro posterior sobre ella.
En verdad, “Waiting for Superman”, es un trabajo muy completo de investigación, muy objetivo, donde se presenta un pantallazo de factores y situaciones que muestra cómo los intereses creados, la burocracia, el clientelismo y el poco importa colocan en una encrucijada a una nación cuya economía también se tambalea, precisamente por que peca de males endémicos, que llevan a gobiernos, instituciones, gremios, organizaciones de toda índole e individuos al caos y/o al fracaso: el exceso de confianza y la improvisación.
Sorprendió a la mayoría el gran poder de los gremios de docentes en Estados Unidos. Allá más fácil es quitarle la licencia a un médico (1/57) o a un abogado (1/97) que a un docente (1/2500). Los espectadores casi vivimos el estrés y sentimos la impotencia y frustración de Michelle Rhee (la cual cerró 24 escuelas y despidió a 1/4 de los directores) frente a un sistema lleno de fallas.