El modista estadounidense Tom Ford sorprendió con su primer desfile para la mítica firma Yves Saint Laurent (YSL) organizado en el Museo Rodin, escenario mantenido en secreto hasta hace uno días.
La colección más esperada de toda la semana del pret-a-porter parisiense para la primavera y el verano 2001 comenzó con una declaración de principios firmada por el propio Ford escrita en mayúsculas: "Hoy es importante ir a lo esencial. Elegir. Editar los excesos. Purificar. Clarificar. Decidir. Negro o Blanco".
El mensaje, resumen de la nueva línea YSL para el tercer milenio, estaba también plasmado en su forma, una cartulina blanca rectangular colocada en el interior de un sobre de charol negro. Todo ello precedido por el desfile de los invita sobre una alfombra negra extendida por los jardines del Museo Rodin, flanqueada por jóvenes de ambos sexos vestidos con un conjunto negro pantalón y chaqueta abrochada con un solo botón en la cintura, con una cinta de seda negra anudada en el cuello por toda camisa.
La purificación anunciada empezó por el incienso que aromatizaba la carpa negra donde se realizó el desfile, iluminada levemente con luces de neón violeta y focos fucsia. De aquí vino todo el color que hubo sobre la pasarela más allá del blanco y el negro con los que Tom Ford rindió su particular homenaje al maestro de Yves Saint Laurent.
Con el blanco y el negro el creador revivió algunos de los temas que hicieron famosa la firma, en primer lugar el traje de chaqueta y pantalón de inspiración masculina pero de aura super femenina.
Vestido de negro, pero con camisa, también negra, el nuevo modisto de pret-a-porter YSL salió a saludar entre los aplausos no tan efusivos como cabía esperar.
EL VERANO 2001 SERA DIFERENTE
De hecho, el lugar elegido para reunir matinalmente a periodistas y compradores: un centro deportivo situado junto al Sena, en el selecto distrito 16 pero casi a las afueras de París, anunciaba ya el contraste entre ambas colecciones y también el contraste o la relación, según se mire, con el lujo exquisito que caracteriza los desfiles del modisto alemán.
En cualquier caso, fue allí donde Lagerfeld, amante de baños públicos de vapor, piscinas y gimnasios para instalar sus pasarelas, decidió mostrar sus creaciones más personales, las que llevan el sello de su propia firma, con los periodistas estratégicamente situados en dos de los extremos de una pista de "squash" y con el resto de los invitados sobre unas gradas de plástico.
El elemento común de todas las prendas presentadas fueron unas sandalias-botas de altísimo tacón, que llegaban hasta las rodillas, confeccionadas con tiras de plástico transparentes o de colores, a veces fosforescentes.
Lo cierto es que este elemento espectacular, sin duda difícil de portar en la calle, el supermercado o la oficina, combinaba a la perfección con los conjuntos de pantalones anchos, muy anchos, a menudo blancos, pero también negros del verano 2001.
Ambos colores dominaron la colección, aunque desde luego no fueron los únicos, pues hubo también naranjas vivos, bordados de azabache, lames dorados, azules y fucsias, y estampados que en ocasiones lucían aplicaciones de lentejuelas gigantes en los mismos tonos azules y plateados.
Las faldas serán cortas o largas, poco importa, y los pantalones anchos desde las caderas o sólo al final, para formar una pequeña campana. Pliegues intercalados, plisados y volantes dieron un toque de alta costura al desfile.
Blusas, sobre pantalones anchos, faldas cortas combinadas con camisas de tul o vestidos largos de tirantes se adornarán en la espalda con hileras de volantes superpuestos.
Sin duda había algún mensaje de fondo que descifrar o incluso varios, pero una de las últimas maniquíes del desfile, entre sus brazos, junto a su minifalda negra, portaba uno de esos nuevos perritos robotizados que entre otras habilidades poseen la de saber jugar al fútbol.
Y al final, para cerrar su colección, la novia de Lagerfeld, vestida de blanco, con una amplia falda larga y ancha, de estructura asimétrica y entallado chaleco corto con solapas y pequeñas hombreras galácticas, iba acompañada por un hombre vestido de negro que seguía y repetía de cerca todos sus movimientos.