Ser el primer hijo en un matrimonio, en ocasiones permite lograr toda la atención de los padres, amigos y demás familiares. Quienes se esmeraran por brindarle todo los cuidados para que se sienta bien.
Disfrutará de emocionantes salidas con sus padres, será muy consentido y tendrá todo lo que quiera (juguetes, paseos, otros), pero todo cambia cuando a la familia llega otro miembro, un hermanito. Te convierte en el mayor, papel que no resulta nada fácil.
En otros casos, gozará de muchas más libertades que el pequeño, después de los padres será quien más autoridad pueda tener en casa, pero su nueva posición también estará llena de retos: servir de punto de referencia para sus hermanos y convertirse en el apoyo de sus padres.
Para Diana, de 22 años, la mayor de 3 hermanos, la situación ha sido un poco difícil. "Me ha tocado privarme de hacer otras cosas por complacerlos a ello, además, siempre quiero hacer todo perfecto para ser un buen ejemplo para mis hermanos y no es fácil, ya que vives autocriticándote", dijo.
Pero no todo es negativo. Ya que gracias a las responsabilidades que tiene ha madurado más rápido permitiéndole poder tomar importantes decisiones. "Mis hermanos son como mis hijos, a los que quiero y cuido, no es fácil, pero si ellos no estuvieran me sentiría vacía".
La mayoría de las veces el primogénito no está preparado para enfrentar las obligaciones y responsabilidades que debe asumir, pero las acepta con naturalidad, aseguró la Dra. Katia B. de García de Paredes, psicóloga.
Señaló también, que en estos casos el problema surge cuando los padres se desligan de su papel y los niños tienen que ocupar roles que no les corresponden, provocando que el sistema familiar se desmorone.
Como consecuencia de ello, hay comportamientos que los jóvenes pueden desarrollar. Por ejemplo:
Conductas agresivas.
Se aislan cuando forman su propia familia.
Quieren vivir cuando no les corresponde, la etapa de sus vidas que se saltaron.
Es por ello que los padres deben poner especial cuidado en mantener el equilibrio; es decir ni dejar de pedirle apoyo, ni hacer de él una niñera.
Todos los casos son diferentes. Mientras que para algunas personas es una experiencia no muy grata, para otros, ser el mayor ha resultado muy especial.
Tal es el caso de la reconocida presentadora de noticias, Mayella Lloyd, quien señala que ser la mayor de dos hermanas ha sido una experiencia maravillosa. Sin embargo, "lo más difícil es que me portara mal o no, siempre me daban de correazos, ya que tenía que dar el ejemplo", expresó con una gran sonrisa.
Considera que el hermano menor siempre va hacer una especie de hijo, al que hay que cuidar y proteger.
Para Erika Nota, ser la mayor es fabuloso, "me siento como la mamá, pero menos regañona". Señaló que comparte mucho con su hermanita, ya que ésta realiza actividades que "aún me gustan".
En ambos casos lo mejor es que para ninguna resultó una obligación estar al pendiente de sus hermanas y eso lo hace más divertido.
Gloria Peralta, madre de dos niños de 9 y 13 años, describe su experiencia materna entre el primero y el segundo: "Con el primero tú quieres hacer todo perfecto, y se pone en práctica todo lo que se escucha: que coma bien, que se pare derecho, que se exprese bien. Ya que deseas que los demás hablen bien de la educación que le has dado al niño. Con el segundo ya no tienes los mismos miedos, y si te dicen que come con la boca abierta, no te preocupas tanto. Ya no te parece tan importante".
Considera que sus hijos son bastante diferentes. Mientras el chico es más relajado, el mayor se comporta como todo un "caballerito", que se la pasa corrigiendo al menor.
Es importante que a medida que el joven va creciendo y reafirmando su identidad, se vaya desapegando de los mandatos de sus padres. "El riesgo que corren muchos hijos mayores es convertirse en niños sobreadaptados, que actúan como los padres esperan, buscando aliviarlos de su ansiedad de ser primerizos".
El problema radica en que estarían actuando como sus padres desean y no como ellos quieren.
El hermano/a mayor siempre ha sido y será el ídolo de sus hermanos más jóvenes, el modelo que querrán imitar. Consciente o inconscientemente, lo verán como punto de referencia.
Por ello, "es común que los hermanos mayores construyan los peldaños para el camino que los otros han de seguir", dijo la psicóloga García de Paredes.
Al ocupar una posición especial, hacia la que dirigen los ojos de sus hermanos, deberá cumplir las normas y costumbres familiares del hogar (en especial delante de sus hermanos). Lo que significa que tiene que saber que su ejemplo cuenta mucho.
Cada hijo, sea el primero o el último, tiene derecho a la misma atención y educación por parte de sus padres. Es importante que todos tengan claro que este papel es irrenunciable y sólo pueden ejercerlo ellos.
Es importante una charla con el hijo mayor, de vez en cuando, para hacerle ver su papel en la familia, de modo que se sienta reclamado para colaborar con su buen ejemplo en la educación de sus hermanos.
Esto le hará madurar y participar más de los temas familiares.
Existe el peligro de recurrir en exceso a su ayuda y puede suceder que los hermanos mayores, con toda su buena voluntad, acaben siendo esclavos de sus hermanos pequeños con los que convive, pendiente todo el día de ellos.
También existe el riesgo de que el mayor abuse del poder que se le otorga.
Los mayores deben tener un margen de autoridad sobre los que van tras ellos, pero teniendo presente que la autoridad es de los padres y no admite contrincantes. En cualquier caso, sólo se puede delegar.
Son los padres quienes deben marcar los derechos y obligaciones de todos, para potenciar la entrega y servicio entre los miembros de la familia, al tiempo que estimulan a cada uno a desarrollarse según su propia edad.