Hay historias con finales impredecibles. Cada personaje dentro de la trama de “La movida” asume un rol “ajeno” del cual ninguno se puede safar.
La obra comienza con dos amigos, Andrés y Carlos, quienes esperan a una cuarta integrante en esta historia. Se trata de “la movida” de Andrés, el dueño de la casa, quien compromete a Carlos, sin aviso previo, todo para llevar a cabo su plan.
Carlos no sabe que vivirá en “carne propia” su peor pesadilla. Ninguno contaba con la llegada anticipada en un mal momento, de un quinto personaje -muy particular- con un secreto bien guardado.
Como siempre, hay un “personaje” sacrificado en toda historia. El tema del desempleo lo lleva a él o ella, a cambiar de “género” y ser una señora de oficio. Su arribo puntual hace enloquecer a los “artífices” de este enredo absoluto.
Tiene que cambiar nuevamente de identidad y pasa a ser “Ana” accidentalmente! Nada más y nada menos que “la movida” de Andrés.
A Carlos, interpretado por el mejicano Paulo Quevedo, le toca “la teja” por culpa de su amigo. Tiene que mentir sin siquiera haber dicho una palabra. No consigue estar al tanto de lo que se suponía sería parte de la “pantomima”.
La señora de la casa es Carolina, interpretada por Tanya Hyman, quien se muestra muy extasiada con la visita de Carlos. Pero todos se sorprenden por la nueva invitada, quien no puede dejar de verse como una “mujer” corriente y muy dispuesta a tener un contacto físico con Carlos y Andrés.
Pareciera que en esta comedia, las damas están en “desventaja” ante un inminente y voluminoso monstruo. Existen dos “Ana” una sirvienta y una amante, a cada una le toca interpretar un rol que no es el suyo.
Todos envueltos en un diálogo, que permitía a los actores a “salirse del libreto” como quien compitiera por hacer reír a sus compañeros aparte del público.
Con muchos panameñismos, acentos venezolanos y con la integración de frases célebres mejicanas, la comedia “La Movida” permite a quien asista, enredarse entre tantas puertas, con personajes “raros” y con un humor blando y muy fácil de comprender.
El público disfrutó cada interpretación. Todos estuvieron bien sincronizados a pesar de improvisaciones que enriquecieron la chispa del momento.
No se puede negar que la comedia es un género que gusta o molesta. En este caso, dejó a todos satisfechos y perplejos por la diversidad de caracteres. Esta obra teatral demuestra que el talento en Panamá, puede alternar muy bien con artistas experimentados y con larga trayectoria.
El que tiene una “movida” más bien vaya pensando cómo terminará todo. No vaya ser que le resulte totalmente diferente a como se lo esperaba.