A veces corregir imperfecciones o saber qué color aplicar resulta lo más complicado a la hora del maquillaje.
Lo básico es limpiar la piel, desmaquillarla y retirar el exceso con un tónico.
Luego hay que tener en cuenta en qué ocasión se va a lucir el maquillaje: para trabajar, para una fiesta, con qué ropa.
Lo primero es la base, que siempre debe ser del mismo tono de la piel. Si ésta es fluida se debe aplicar con los dedos y encima sumar el corrector donde sea necesario (por ejemplo, en las ojeras).
Por eso una piel limpia no necesita más que una base de textura delicada y traslúcida. Luego se debe completar con dos correctores: uno para neutralizar las partes oscuras y otro que se mimetice con el tono de la piel.
Lo que más se recomienda es utilizar una base líquida porque otorga naturalidad y es duradera.