Cuando uno escucha cómo se dieron los acontecimientos, cómo es que ese par de viejitos -que hasta siendo fantasmas se profesa un amor incondicional, donde se acepta al otro con sus virtudes y defectos- terminó juntos, no hay más que aceptar, sin dudarlo un momento, la certeza del dicho tan popular que afirma que “lo que está para el gato no se lo come el perro”.
Chascos, risas, cosas chuecas que luego se enderezan (porque causa y efecto no pueden divorciarse) frustraciones, secretos, confesiones, aprendizajes obligados por las circunstancias, por esos callejones sin salida en que a veces nos coloca la vida, aunque en ese momento uno no se explique el porqué, de todo eso y más hay en “Es mejor callar que con tontos hablar”, que se presenta en el ABA hasta el 26 de septiembre dirigida por Baby Torrijos. Lleva más de 40 funciones y la gente goza y se angustia a la par que los personajes.
En ella también salen a relucir el machismo, prejuicios, estereotipos, hay ingenuidad, algo de historia, no faltan los comentarios políticos y la sátira.