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Un beso público sella un amor real


Un total de 800 invitados asistieron ayer a la boda real entre el príncipe Federico, heredero de Dinamarca, y la australiana Mary Donaldson, una ceremonia realizada en la catedral de Nuestra Señora, que entusiasmó a los daneses, conmovidos por la espontaneidad de la pareja.
La boda fue oficiada por el obispo de Copenhague, Eik Normann Svendsen, quien en su homilía pidió a la sociedad, y en especial a la prensa, respetar en lo posible la intimidad de la nueva pareja real, quien como un cuento de hada se juró amor eterno.
El príncipe se mostró emocionado desde antes de ver a su novia y se le empezaron a saltar las lágrimas cuando sonó la marcha de Haendel que anunciaba la llegada de su prometida.
El otro gran momento fue la llegada de Mary Elizabeth Donaldson a la catedral, que desveló el misterio del traje, un modelo muy favorecedor del diseñador danés Uffe Frank, de satén color perla entallado con mangas tres cuartos de estilo medieval y escote con ligera chimenea que dejaba los hombros al descubierto.
El velo de encaje era una pieza que está en la familia real danesa desde hace 100 años y es obra de monjas irlandesas, mientras que las joyas eran actuales, una diadema regalo de la reina Margarita y el príncipe consorte y unos pendientes de brillantes y perlas.
Entre los invitados llamó también la atención la futura princesa de Asturias, que lucía un traje de Lorenzo Caprile de seda rojo con escote de trapecio adornado por dos broches y con mangas de gasa. El color del traje, el moño bajo y los largos pendientes hicieron que Letizia Ortiz diera una imagen muy española.
La reina Sofía, que llegó acompañada por los reyes de Bélgica, ya que el rey Juan Carlos no asistió a la boda, iba de morado, mientras la infanta Elena lucía un amplio abrigo de satén fucsia y la infanta Cristina un sencillo vestido burdeos con chaquetilla verde pistacho. El príncipe Felipe acudió de uniforme.
La ceremonia fue sencilla hasta en el momento del "sí", en el que los contrayentes, tras las promesas de rigor, intercambiaron los anillos y se dieron un simple beso en la mejilla.
La pareja recorrió después en carroza descubierta las calles de Copenhague, acompañada por jinetes del Regimiento Real de Húsares.
Gran parte del día, el cielo permaneció encapotado y hasta se levantó un viento de lluvia durante la ceremonia, pero cuando los novios abandonaron la catedral salió el sol y el paseo pudo hacerse en coche descubierto para deleite de los daneses.


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153239
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América