El tradicional concierto homenaje a las madres más que un éxito fue una maratón de salsa pura y sentimiento.
A eso de las 10:00 pm, el “Caballero de la Salsa”, Gilberto Santa Rosa encendió la noche, ya que a punta de melodía le dedicó a las madrecitas sus éxitos.

“Amor mío no te vayas”, “Vivir sin ella”, “Que alguien me diga”, “Perdóname”, “Que alguien me diga”, entre otras canciones fueron las más bailadas por el público en su mayoría conformado por parejas.
Gilberto Santa Rosa cerró su presentación de poco menos de dos horas con “Una Navidad” y antes de despedirse, saludó a todas las madres en su día.

Aclaman al poeta.
Con sentimiento patriótico en su corazón, humildad en una mano y respeto al público en la otra, el “salsero intelectual”, Rubén Blades, apareció en el escenario saludando de un lado para otro y luciendo un abrigo de la bandera panameña.
Sus tradicionales maracas no podían faltar a la hora de interpretar su primera canción “La rosa de los vientos”. La emoción de estar en casa, era notable en los gestos del cantante que hasta soltó una saloma en medio de su presentación.

Por un momento, el público dejó de bailar para aplaudir y aclamar al “maestro”. Era más que evidente que Blades venía dispuesto a ofrecer su repertorio completo.
Es de admirar cómo la música se convirtió en el combustible del cantautor, quien desde que comenzó a cantar a las 12:05 de la madrugada no paró hasta pasadas las 3:00 a.m.
Entre un tema y otro, “El poeta de la salsa” compartió con su gente anécdotas de su vida, la fecha en que nació, el barrio donde creció, entre otros temas.
Cerró con “Pedro Navaja”, “Patria” y “Muévete”. Antes de retirarse le regaló al público tres de sus toallitas y se despidió con un “Muchas gracias, chao”.